Resumir la vida de Gandhi en este espacio es imposible, pero se alcanza a esbozar algo de este líder político que demostró que la concordia, la no violencia y el pacifismo fueron herramientas útiles para alcanzar grandes objetivos en un siglo tan agitado como el XX, y lo siguen siendo en el XXI. En el mundo y en Colombia estamos de violencia hasta más arriba de la coronilla. Lo peor es que todos aportamos a ella, a veces sin darnos cuenta y muchas otras en uso de nuestras facultades.
Por violencia no me refiero solamente al terrorismo teñido con sangre, sino también a los sutiles atentados cotidianos, que ejercemos incluso contra quienes decimos amar.
Son violentos los que logran sus propósitos por la fuerza, mediante el sometimiento de los sumisos o indefensos. Como los narcos y la guerrilla, los falsos positivos y las motosierras, entre otras lacras. Pero también quienes gritan a sus hijos, no escuchan la posición del otro o agreden a los demás. Los no violentos pasivos creen que basta con decir "yo no le hago mal a nadie". Sufren la dominación de los fuertes, no hacen valer sus derechos y no expresan su inconformidad. Aquí cabemos casi todos. Los no violentos activos son personas asertivas que, sin violencia, se revelan ante la injusticia y no se dejan someter a la voluntad ajena. Son caramelos escasos, ciudadanos de lujo que valen su peso en oro.
Según Gandhi, es necesario excluir la pasividad y derrotar la imparcialidad. Hay que tomar partido, tener posiciones claras y expresarlas de manera pacífica, pero existen mil situaciones cotidianas en las que tiramos a la basura esta filosofía:
La mujer que se levanta a calentarle la comida al marido que llega tarde, y no precisamente de trabajar. La persona que guarda silencio cuando el perro de su vecino hace popó donde no debe. Los que no protestan pacíficamente cuando los de enseguida tienen el equipo de sonido a alto volumen hasta la madrugada. Los padres de familia que se dejan imponer normas de sus hijos y quedan sometidos a la voluntad de ellos. Los pasajeros del bus que se aguantan la velocidad irracional del conductor. La esposa que tolera al marido alcohólico porque aporta el dinero para la casa. La chica que no le exige el uso del condón a su novio. El que no dice nada cuando un transeúnte tira basura a la calle. El funcionario que teniendo la edad y el tiempo necesarios se niega a jubilarse, habiendo tantos desempleados necesitados de su puesto.
¿Se identificó con alguno de los ejemplos? Yo también.
Mahatma significa "Alma Grande". Tal vez así fuera la nuestra si en la escuela y en la familia nos enseñaran el pensamiento de Gandhi. Y tal vez otra sería la historia que pudiéramos contar, más agradable, más justa y más libre.
Gandhi nos dejó una herencia política y filosófica trascendental, un testimonio de vida vigente en estos tiempos de violencia, consumismo e injusticia. Un legado bien distinto al de Michael Jackson, por ejemplo, sin nada rescatable, pero eso será harina de otro costal?
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