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Lo que señala el chip

  • Rocío Vélez De Piedrahíta | Rocío Vélez De Piedrahíta
    Rocío Vélez De Piedrahíta | Rocío Vélez De Piedrahíta
07 de octubre de 2010
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Hay algo nuevo perjudicando, deteriorando a los adolescentes. Desde kínder se instruye a los niños y adolescentes en absolutamente todo lo relacionado con el sexo; sin embargo cada día proceden en forma más equivocada, precoz, perjudicial en lo relacionado con este tema; todos quieren ensayar lo que les enseñan y se multiplican las niñas embarazadas, los hijos sin padre y la violencia entre menores es cada día más agresiva y contagiosa. Aparecen como culpables la televisión, la propaganda, la idea de que nada debe limitar el libre desarrollo de la personalidad, etc.

Pero un chip bien puesto, señala otra dirección: los horarios de trabajo, responsables de la disolución de la familia. Legalmente el horario de trabajo debe ser de 8 horas al día, 6 días a la semana; quedan 16 horas diarias y un día, para todo lo que implica vivir. Esa ley no se obedece. Hay jefes que realizan reuniones hasta altas horas de la noche o en días feriados. Los subalternos temen perder el puesto y se someten a ese abuso de nunca estar en calma con la familia; almuerzan en el comedor de la empresa o el comedero más cercano al trabajo; llevan tarea para la casa y siguen dándole en la computadora o por internet; tanto el papá como la mamá, terminada su jornada, están rendidos.

El hijo que llega a una casa vacía, sale a buscar con quién hablar o se pega de la televisión a ver clases de sexo, telenovelas que enseñan cómo matar, sobornar, abusar. Si las empresas se ciñeran a los horarios legales y organizaran turnos de manera que todos los empleados pudieran estar con su familia, al menos para la comida de la noche, esto no sucedería. Reunidos, podrían dar gracias a Dios por tener alimento, y tendrían el rato necesario, importante, agradable, para oír a cada cual cómo le fue en el día, qué le contaron en el colegio o lugar de trabajo; alguno hace reír, este se queja, aquel refunfuña, otro recibe un consejo, todos opinan, participan de eso delicioso que llaman tertulia y, lo fundamental, se sienten queridos, tenidos en cuenta por sus padres y hermanos, en un lugar que es 'mi casa', punto de apoyo sólido que no les fallará jamás.

Conozco un individuo -estrato 2- que, debido a los horarios, cambió su trabajo por otro con menor remuneración, y una señora que renunció a un trabajo bien remunerado porque la trataban como a mueble que no se daña con empujones. Hay empresas que ya están estudiando la solución del problema. Por ejemplo 'Protección' en "Calidad de vida" está buscando la manera de poner en práctica políticas para equilibrar la vida laboral con la familiar.

Los estudios, apoyados en estadísticas serias, son contundentes: una trabajadora menos estresada, tiene mejor salud mental y alcanza altos niveles de desempeño; un poco de flexibilidad para entrar, salir y obtener permisos, muestra un aumento de la productividad del empleado.

El 63% de las empresas dicen que respetando la vida de la familia, el resultado es mejor; 35% de los trabajadores se concentra mejor en su trabajo, el 30% se ausenta menos, el 27% pide menos licencias, el 26% presenta menor retraso para entrar. Ni hablar del empeño en sus labores cuando hay participación en los resultados de la empresa.

Sin duda la solución al gran problema del descontrol, la agresividad creciente, alarmante y desastrosa de la juventud, está en la recuperación de una vida familiar, sólida, cálida, pacífica, limpia. Es bobada seguir buscando soluciones socioeconómicas, eruditas, complicadas.

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