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HISTÓRICO
Los Wayúu calman su sed
  • Los Wayúu calman su sed | Gustavo Gallo | Akis Ushaina, acompañada por su nieta Dubis, abre la pluma para ver cómo cae el agua pura y fresca que es potable y sirve no solo para calmar la sed, sino también para preparar los alimentos.
    Los Wayúu calman su sed | Gustavo Gallo | Akis Ushaina, acompañada por su nieta Dubis, abre la pluma para ver cómo cae el agua pura y fresca que es potable y sirve no solo para calmar la sed, sino también para preparar los alimentos.
Gustavo Gallo Machado | Publicado el 05 de marzo de 2011

La vieja Akis Ushaina tiene fresco el recuerdo de cuando le tocaba salir con dos burros en busca de agua. Para que el sol calcinante del Cabo de la Vela no ardiera tanto salía de madrugada con el deseo de volver con ocho tarros repletos de agua para calmar la sed de su familia. Después de caminar durante ocho horas llegaba al pozo que tenía agua sucia. No importaba mucho, al fin y al cabo era agua, tan escasa en la Alta Guajira que valía la pena tanto esfuerzo.

Es medio día y la temperatura supera lo 37 grados centígrados. La mujer de más edad de la ranchería Kasiwolin se mece en una hamaca mientras teje con hilos verdes, rojos, naranjados, negros y azules. Su piel es tosca, no tiene dientes y el pelo entrecano delata su sabiduría. Pausada, como si el tiempo ya no fuera un agobio, empieza a hablar en su lengua wayúu sobre las épocas en las que no tenía agua. Dubis, su nieta, traduce cada palabra.

Cuenta que los dueños de los pozos se enriquecían por cuenta de la necesidad de la tribu y por eso tenían que llevarles azúcar, animales y otros productos a cambio del escaso líquido.

Hace casi dos meses que ni Ushaina ni ninguno de los habitantes de las rancherías de Kasiwolin y Arutkajui tienen que preocuparse por la escasez de agua por que allá arriba, en la cima de Colombia, donde el viento no para de soplar, donde el sol colorea la piel y la vuelve cobriza, donde crece el melón más dulce y jugoso, Empresas Públicas de Medellín (EPM) llevó el agua potable.

¿Contenta? La anciana responde que sí, que ahora solo tiene que caminar algo más de cinco metros para abrir una llave y ver cómo un golpeteo pega sobre una ponchera azul y sentir frescura en su mano. Adiós a las extensas jornadas para ir por el líquido, adiós a la búsqueda de pozos contaminados. Ver tanta agua pura y limpia salir de la pluma, la satisface y la emociona.

Agua limpia y desarrollo
Las tribus Kasiwolin y Arutkajui están de fiesta por cuenta de un proyecto que EPM, con el respaldo de la Alcaldía de Uribia, permitió la construcción de una planta desalinizadora para 65 familias de estas dos tribus. Mientras Mayo Urian hace sonar la khasa (tambor), niños y jóvenes, vestidos de verde, rojo o blanco llegan a la planta a inaugurar la obra.

La empresa antioqueña apoyó esta iniciativa como parte de las medidas de compensación concertadas con las comunidades indígenas durante la etapa de construcción del parque eólico Jepírachi, que hoy le genera 20 megavatios al sistema interconectado nacional.

María Eugenia Epieyú, autoridad indígena de los Artukajui, habla de desarrollo para su comunidad por cuenta de la llegada del agua potable. Dice que sus amigos de EPM están cumpliendo lo pactado y menciona que el parque eólico, compuesto por 15 generadores que mueven sus aspas con potencia, ha sido benéfico para su pueblo.

A su lado está Clenta Apushaina, la cabeza de los Kasiwolin, quien agradece a Dios y a EPM por calmar la sed de su pueblo. Es verdad que con el líquido llegaron los buenos tiempos y por eso invita a los niños, jóvenes y adultos para que cuiden la planta. "A mis amigos de EPM les doy la bienvenida a mi rancho", agrega emocionada.

Responsabilidad social
Federico Restrepo Posada, gerente general de EPM, recuerda que el proyecto se concibió en 2003. Sin embargo, por las inclemencias del clima no avanzó y la obra quedó en el limbo. Pero había que recuperarla para beneficiar a una población que recibió con generosidad a las obras del parque eólico.

La inversión supera los 700 millones de pesos y EPM se encargó de la renovación de la planta desalinizadora, del sistema de captación del agua del mar y de los equipos para hacer potable el líquido. La Alcaldía de Uribia se ocupó de cinco kilómetros de redes, incluyendo las domiciliarias.

Los módulos de la planta cuentan con una capacidad de 88.000 litros día, que son suficientes para abastecer a una población de 350 familias las 24 horas al día.

Pero los Kasiwolin y Arutkajui no llegan a ese número y su cultura no es la que desperdicia el agua porque saben lo valiosa que es. Mercedes Uriana muestra en su ranchería los depósitos que tiene para almacenarla.

Junto con Astrid y Deni, sus hijos, llena dos canecas negras "porque es mejor ser precavido", dice la mujer mientras carga a otro de sus pequeños.

Ya no tendrá que ir tres veces al día al jagüey con varias canecas para traer agua, que muchas veces estaba sucia porque de esa misma toman los chivos.

"Ya puedo hacer la chicha con agua limpia y los niños pueden tomar agua sin miedo a enfermarse", agrega.

Restrepo Posada explica que el acceso permanente al agua es una realidad como la que tienen los habitantes de Medellín. Asegura que llega como Iwa (la primavera) y deja de ser una promesa para convertirse en una realidad que dignifica a los Wayúu.

La anciana Akis Ushaina dice que si sus ancestros estuvieran vivos, orarían por EPM y por la gente que permitió que el agua limpia llegara a su pueblo a calmar la sed que aguantaron durante tantos años.