Desde hace 20 años José Gabriel González merca en la Plaza de Envigado y aunque el desarrollo de la ciudad le da la posibilidad de hacerlo en grandes supermercados, él no cambia por nada el poder madrugar desde las 6:30 a.m. a escoger entre la variedad de frutas y verduras.
Para él, como para Carmen Ruiz y Deyanira Duque, la plaza tiene como atractivo poder escoger productos recién traídos del campo, hacer un recorrido con calma y luego pegarse un buen desayuno en alguno de los restaurantes del lugar.
"Sentir el olor de los alimentos recién cosechados, poder moverme con tranquilidad y sin afanes y comprar barato es lo mejor que ofrece la plaza", comenta José.
Él, tal vez, ya no recuerda que el 1 de mayo de 2008, un incendio consumió aproximadamente 320 metros cuadros de la plaza dejando sin locales y sin trabajo a 33 comerciantes.
Alberto Vélez, negociante de la Plaza, vio como su negocio quedó en cenizas luego del incendio. Ese día, después del siniestro, la angustia invadió su vida. Su cafetería ya no existía y con ella se había ido el negocio que durante 22 años le había dado los ingresos económicos suficientes para sostener a su familia, además de muchas alegrías.
"La noche del incendio las llamas consumieron nuestros locales y se llevaron el presente estable que teníamos. Quedamos sin nada y aún no lo hemos podido recuperar", comenta Alberto.
La misma situación la vivió y la sigue padeciendo, dos años después Amanda Mejía, propietaria del local de plantas medicinales Miel de amor.
Ella, que lleva ocho años trabajando en la plaza, perdió su local y fue reubicada, al igual que los demás trabajadores, en la zona que no resultó afectada por las llamas, en espacios más reducidos e, incluso, ocupando los locales de otros comerciantes.
"Han pasado dos años y hemos tenido varias reuniones con el alcalde José Diego Gallo Riaño para definir nuestra situación y no hemos conseguido nada", añade Amanda.
Aunque el Municipio prometió reconstruir la zona y han presentado tres planes de posible reforma, los comerciantes manifiestan su inconformidad por la demora para definir la que más les conviene.
Mientras el futuro de la reconstrucción de la plaza se define, los habitantes del municipio y clientes como don José o Doña Carmen, siguen visitando el sitio y pese a que allí hubo fuego las cenizas no quedaron. Por encima del recuerdo y la desazón porque la solución para recuperar sus locales tarda, los comerciantes siguen atendiendo con calidad a los visitantes a la plaza.
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