Cintillo de indicadores económicos Colombia

Pico y Placa Medellín

viernes

7 y 9 

7 y 9

Pico y Placa Medellín

jueves

3 y 6 

3 y 6

Pico y Placa Medellín

miercoles

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

martes

1 y 4  

1 y 4

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

5 y 8  

5 y 8

NECESITAMOS MUCHA CULTURA DEMOCRATICA

  • NECESITAMOS MUCHA CULTURA DEMOCRATICA
12 de abril de 2014
bookmark

Cuando reflexionamos acerca de las razones por las cuales la sociedad colombiana lleva tanto tiempo conviviendo con la violencia –alrededor de medio siglo de conflicto interno armado y antes cerca de tres décadas de violencia bipartidista y no olvidar las múltiples guerras civiles entre liberales y conservadores en la segunda mitad del siglo XIX-, para no mencionar todas esas otras formas de violencia con las cuales hemos convivido –algunas de ellas definitivamente repugnantes como la de usar ácidos para deformar o eliminar a otro-, una primera conclusión es que seguramente hemos tenido como sociedad una actitud propensa a tolerar o por lo menos convivir con la violencia y a estimular recurrentemente actitudes de descalificación hacia el otro y de estímulo al odio.

En ese sentido creo que no podemos olvidar nuestra historia como nación. La polarización liberal conservadora desde mediados del siglo XIX conllevó la configuración de una cultura política sectaria, excluyente del otro y altamente propicia a estimular el enfrentamiento antes que los acuerdos.

Luego, a mediados del Siglo XX y en el contexto de la guerra fría, tanto los sectores de izquierda con discursos radicales que colocaban "la lucha de clases" como elemento central de la dinámica política y que veían al otro –burgueses, capitalistas-, como el enemigo al cual había que derrotar y eliminar, en lo posible, como los discursos que consideraban a "los comunistas" y comunista no solo era el miembro de ese partido, sino todo aquel que expresara posiciones críticas o contestatarias, como la expresión del "enemigo interno", igualmente estimulaban una mirada de ese otro como enemigo, a quien era necesario derrotar y eliminar.

Lo anterior para mostrar solo algunas de las influencias, tanto internas como externas, que han contribuido a conformar una cultura política intolerante, sectaria y excluyente. Todo lo contrario a una cultura política democrática.

Por ello, cuando estamos pensando en superar este largo período de enfrentamientos internos y comienza a hablarse de "reconciliación", es importante colocar en el centro el tema de cómo avanzar en consolidar una cultura democrática.

Una cultura democrática es aquella que parte del respeto por el otro, de la tolerancia, de entender que hay ideas ajenas, más allá de si las compartimos o no, del reconocimiento de la diversidad no como un mal necesario, sino por el contrario como algo que puede enriquecernos a todos.

Pero también, claramente, el acatamiento a las normas sociales y la respuesta sancionatoria a aquellos que las trasgredan; dentro de estas, por supuesto, las normatividades propias de los sistemas legales que deben ser acatadas por todos los miembros de la comunidad política. Y esta cultura por supuesto es algo que se debe construir en los distintos espacios de socialización, en la familia, en la escuela -como institución en sus distintos niveles- en los medios de comunicación, en las iglesias, etc. Pero sobre todo en la vida cotidiana, poniendo un gran énfasis en la solución de los conflictos interpersonales o grupales acudiendo al diálogo, a la conciliación, a la búsqueda de acuerdos, pero en todos los casos, sin acudir a la violencia.

Un principio básico de la convivencia democrática es la exclusión de la violencia como mecanismo para imponer los puntos de vista o una solución a las controversias, debe ser la razón y la capacidad de argumentación o el recurso a los mecanismos institucionales, la forma privilegiada de resolver las diferencias. Sin que esto signifique que todos vamos a pensar igual, no de ninguna manera, las diferencias son fundamentales, eso sí tratándolas de manera respetuosa y considerando al otro como un adversario y no como un enemigo.

Te puede interesar

Las más leídas

Te recomendamos

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD