HISTÓRICO
Nuevos monstruos en La Tatacoa
  • Nuevos monstruos en La Tatacoa | Cortesía | Dada la antigüedad de los fósiles y para poder recuperarlos y transportarlos, se realiza in situ un paciente trabajo. Se limpian piezas, se les trata con un consolidante -como le dicen- y después se enchaqueta con papel higiénico, aluminio y yeso. Trabajo de recuperación de la mandíbula del purusauro, aún en sitio.
    Nuevos monstruos en La Tatacoa | Cortesía | Dada la antigüedad de los fósiles y para poder recuperarlos y transportarlos, se realiza in situ un paciente trabajo. Se limpian piezas, se les trata con un consolidante -como le dicen- y después se enchaqueta con papel higiénico, aluminio y yeso. Trabajo de recuperación de la mandíbula del purusauro, aún en sitio.
Ramiro Velásquez Gómez | Publicado el 08 de agosto de 2011

De a poco, sin el afán que el paso de los años enseña, el desierto de La Tatacoa entrega sus tesoros para que la historia, millones de años después, comience a ser contada por capítulos.

Parte de lo que los conquistadores españoles llamaron "el valle de las tristezas", es quizás la zona paleontológica más rica del país.

De sus entrañas acaban de brotar tres nuevos documentos del pasado.

"Se encontró la mandíbula inferior de un purusaurus, que mide 1,50 metros". También un pedazo de mandíbula inferior de un astropoterio y una caparazón de tortuga.

Estos dos se encuentran, comenta Gladys Vanegas, directoras del Museo Paleontológico de Villavieja, en análisis en Ingeominas, pero la del purusaurus no ha sido extraída aún del sitio

La caparazón y el resto del astropoterio, exponentes de una vida en la que aún brillaban los animales gigantes pese a que los dinosaurios habían desaparecido millones de años antes, brotaron del sector de La Victoria, uno de los puntos que, junto con La Venta, más aporta a la prehistoria nacional.

La mandíbula del purusauro está en predios de El Peñón de Constantino, una especie de oasis en este bosque seco tropical, al norte del observatorio astronómico.

El desierto tiene, de acuerdo con la identificación que en 2006 hiciera la Universidad Nacional, seis zonas de rico contenido de fósiles.

De allí surgen, descubiertos por la lluvia y los vientos, restos de peces, reptiles, anfibios y mamíferos que vivieron de hace 12 millones de años para acá, en el Mioceno.

La región no era nada parecida a lo de hoy. La resequedad de lo que todos llaman desierto no existía. Había árboles y matas frondosas y altas, variedad de grandes animales, pero también otros más pequeños. El clima era más fresco.

El mioceno pertenece a la cuarta época geológica de la era Cenozoica y a la primera del Neógeno. Comenzó hace 23 millones de años y terminó hace 5,3 millones.

Desde Villavieja, puerta de acceso a La Tatacoa, primera capital del Huila, a los sitios donde se han hallado los restos hay entre 20 y 40 minutos por distintos ramales, siendo el más cercano el de La Venta.

Es este el lugar más rico en fósiles que hablan de ese entonces sin humanos.

Allí, de acuerdo con la caracterización de la Surcolombiana, se han encontrado 26 formas de peces, 2 de anfibios, 31 de reptiles, 5 de aves y 87 de mamíferos.

Sobresale el astropoterio, un orden extinto de mamíferos placentarios que pobló distintas regiones de Suramérica, animales de cuerpo mediano que vivieron de finales del Paleoceno hasta mediados del Mioceno.

Es de resaltar además el purusauro, un gigante caimán que vivió en el Mioceno y que alcanzó a medir los 13 metros, teniéndose una especie (neivensis) al parecer endémica.

Los fósiles encontrados regresarán el año entrante a Villavieja, para enriquecer el Museo, dice Gladys. Esperan también el fósil completo de gliptodonte (parecido el armadillo) desenterrado en diciembre.

Tantos misterios ha desentrañado la zona que en el mundo de la paleontología se conoce como La fauna de La Venta, un vistazo más o menos completo a lo que fue el Gran Intercambio Biótico Americano, en el que la fauna norteamericana emigró hacia el sur.

Es que en esta población a 38 kilómetros al norte de Huila, uno de los pueblos más calientes del país según los reportes periódicos del Ideam, y fundada en 1550, todo huele a pasado.

De calles tranquilas, la vida desemboca en un parque de árboles grandes bajo los cuales yace una réplica de uno de los grandes animales que poblaron la región.

La capilla de Santa Bárbara, en un costado, está como detenida en las primeras misas hace más de tres siglos. Y la sede del Museo, también dentro del marco de la plaza, es una vieja casona construida por los jesuitas en 1710.

No todos los fósiles hallados permanecen en la población. Muchos se encuentran en los Museos de Ingeominas y la Universidad Nacional, pero otros reposan en el extranjero en la Universidad de California y en la de Duke, en París y en Kioto.

La exploración no ha sido continua en los últimos años. Ha dependido más de lo que ocasionalmente encuentran los lugareños. Para investigadores de la Nacional, es la única región del país donde hace 12 millones de años se desarrolló tan rica fauna, hoy extinguida.

Por eso cada hallazgo, como los que se acaban de hacer, es una ventana a ese pasado lejano que los textos no acaban de escribir.