Los Objetivos del Milenio, pactados en la Cumbre de 2000, se han constituido en un ideal o premisa mayor para lograr que el desarrollo humano comprenda todas las esferas del ser humano.
Es por esto por lo que es necesario el compromiso y la responsabilidad para hacer eficaces las políticas públicas, de obligatorio cumplimiento, en procura de un mejor progreso social, sin mediar intereses personales o mecanismos ilegales.
En el caso, por ejemplo, de América Latina, es bastante preocupante y crítico el progreso mostrado frente a los Objetivos. En muchas de las regiones, en especial en el Caribe, donde los índices de pobreza, desempleo y la poca legitimidad en los gobiernos han hecho que los Objetivos del Milenio no se estén cumpliendo a cabalidad y menos se esté buscando la forma de hacerlos realidad.
No obstante, los logros de la ONU han sido causa y efecto del desarrollo humano y los procesos de globalización dados en las últimas décadas y la transformación y sensibilización -mínima- alcanzada por muchos países potencias son evidentes, pero también claros los vacíos dejados en algunas regiones del mundo, como en el caso de África.
Allí, los mecanismos de protección y salvaguardia utilizados por la ONU se agotan cuando al hablar de educación, salud, salubridad y alimentación se trata o en otro caso concreto como lo fue la invasión en Irak por parte de Estados Unidos, aduciendo una amenaza terrorista mundial y sorteando todo tipo de obstáculos para pasar por encima de la ONU y omitir la orden del Consejo de Seguridad.
Por otra parte, es posible decir que al día de hoy muchos de los países no están proyectados a alcanzar los Objetivos del Milenio. Algunos ni siquiera han implementado instrumentos o mecanismos para intentar alcanzarlos, no solo por el bien de la nación sino de todo un planeta.
Sin embargo, en el caso de Colombia, los resultados son parcialmente favorables, algo pesimistas, con tendencia al fracaso, en factores como el reducir la pobreza y el hambre para 2015, ya que el éxito de las políticas para aumentar la cobertura de la educación y de la salud, proporcionar mejor alimentación a los niños, reducir la mortalidad infantil y mejorar las oportunidades de la población más vulnerable, han generado impactos positivos en términos de crecimiento, salud y desarrollo personal.
Pero todo esto contrasta con las políticas diseñadas para reducir la pobreza, las cuales, no han logrado un cubrimiento equilibrado en toda la población y por ahora los mecanismos implementados para disminuir los críticos índices de desigualdad naufragan ante un panorama complejo donde, por ejemplo, la atención a los cerca de 4 millones de desplazados es deficiente.
Frente a poblaciones de afrodescendientes y los indígenas, la misma ONU, en uno de los informes anuales ejecutado hace poco, evidencia la situación de exclusión y extrema pobreza que enfrentan y más en regiones como Chocó, en medio de tantas riquezas naturales.
¿Hacia dónde pretende llevar el Gobierno al país inyectando gran parte del presupuesto al conflicto armado?
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