Supongo que el hombre, a lo largo de su historia, nunca ha estado tranquilo. Al asesinar a su hermano, Caín debió soportar con miedo la voz del Señor quien al increpar su acción lo condenó a emprender un camino errante sobre la tierra, camino que no fue nada fácil porque su silencio debió atormentarlo al recordar la escena cruel que había producido. De no ser porque el Señor declaró: "Quien mate a Caín, será vengado siete veces" el pobre no hubiera dejado de mirar para atrás ni un solo minuto.
Hasta aquí las paranoias bíblicas. Miremos ahora cómo asesinaron al primer hombre en esta tierra, en este valle antes de que fuera de lágrimas. Según un artículo publicado hace años por El Mundo de España, un grupo de antropólogos descubrieron que a Shanidar 3, un neandertal, lo asesinó un homo sapiens hace más de 50 mil años. Al parecer un hilo de humo llamó la atención de un grupo de cromañones que regresaban de cazar. Al acercarse y descubrir una hoguera en una caverna con un puñado de neandertales, esperaron el momento propicio y los atacaron. Supongo que desde entonces esos encuentros tranquilos no volvieron a ser iguales y en la mente de los sobrevivientes, y de aquellos que se enteraron del suceso, el miedo comenzó a sentarse con ellos.
Hace poco, en una escuela de educación básica en Estados Unidos, un joven de 20 años, como si estuviera de caza, asesinó indiscriminadamente a niños y maestros. Recordemos que algo similar pasó en Denver, en Oakland, en Columbine y en muchos otros lugares que películas como "Elephant" o "Tenemos que hablar de Kevin" han retratado bastante bien. Tal vez por eso el miedo que sienten los padres cuando mandan a sus hijos a la escuela no puede ser mayor.
El miedo y la paranoia terminan por asediarnos, no es sino ver nuestras casas, nuestros edificios para que nos demos cuenta de esto. En Colombia algunos conjuntos residenciales tienen más cámaras y rejas de seguridad que una cárcel. He llegado a pensar, tal vez de forma ilusa, que entre más tratemos de protegernos con armas, con rejas, con cámaras, con maletas blindadas como en Estados Unidos, más paranoicos seremos, con el agravante de que ninguna de estas opciones nos garantizará completamente la seguridad.
Pero ¿cómo dejar de ser paranoicos en este país, en esta sociedad que día a día nos acorrala? Asumir que después de algo macabro todo puede ser peor es darle un chance a que poco a poco nuestros miedos queden registrados en las cámaras hasta que llegue el día en que la paranoia sea tanta que ya no queramos salir. Y aunque esto sea difícil de modificar, a pesar de nuestra historia de miedos, al menos hay que intentar cambiarlo para que un día no tengamos que salir blindados y cada vez más nos resulte imposible creer en el otro.
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