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HISTÓRICO
Responde "El Intocable"
  • Responde "El Intocable"

Responde "El Intocable"Por
Daniel Coronell

Me veo precisado a hacer uso del derecho de réplica porque el doctor Mauricio Velásquez, columnista de este diario, hizo graves sindicaciones en mi contra. Dichos señalamientos no fueron producto de una investigación periodística seria.

El doctor Velásquez, con total ausencia de rigor, se limitó a repetir -en mejor prosa- las infamias de la revista "La Otra Verdad". No se tomó el trabajo de verificar si eran ciertas, ni de advertir a los lectores sobre la demanda penal que he interpuesto contra el editor de esa publicación y su director, por tales afirmaciones.

Tampoco revisó el historial de los personajes que hacen el papel de fuentes de esta historieta para desprestigiarme. No se molestó en consultar mi versión, ni la de la Comisión Nacional de Televisión, ni la de la empresa NTC de la cual soy accionista, ni la de las otras personas que tan tranquilamente nombra, juzga y despacha para condena.

Pero lo peor de todo, es que el doctor Velásquez no leyó siquiera en detalle el folletín en el que fundamenta sus opiniones.

De haberlo hecho, habría encontrado que es falsa la piedra angular del escándalo: el nombramiento de común acuerdo de los árbitros del tribunal para dirimir las diferencias entre NTC y la CNTV. Esa designación no fue el resultado de una componenda, como lo pretende la revista de Pedro Juan Moreno, sino del estricto cumplimiento legal de un compromiso contractual.

En efecto, en la página 9 de las 60 que ha considerado suficientes la llamada "Otra Verdad" para aniquilar mi honra, aparece en un facsímil -en letra muy pequeña pero que puede leer cualquier interesado en la verdadera verdad- la transcripción de la cláusula 23 del contrato entre la CNTV y NTC. Su literal a) señala: "El tribunal estará integrado por tres (3) árbitros designados de común acuerdo por las partes". En desarrollo de esa cláusula, que aparece en todos los contratos de concesión de televisión y no sólo en el de NTC, han sido nombrados de común acuerdo los árbitros para los tribunales convocados por Caracol, RCN, Citytv, DFL, Telecolombia, Proyectamos y desde luego también lo fueron los de NTC.

A propósito, todos los tribunales mencionados, con excepción del de NTC que aún no ha emitido laudo, han terminado condenando a la CNTV a compensar sus incumplimientos.

Si el doctor Velásquez hubiera mirado con detenimiento esa revista, como era su obligación antes de repetir sus injurias y calumnias, habría encontrado que el informe de la Contraloría, citado por él, no es tal informe, sino un borrador. En la página 10 se alcanza a ver el título "Borrador de Informe" oscurecido -¿quién sabe por qué?- en el encabezamiento de la página.

El doctor Velásquez, como aplicado estudiante de derecho que fue, sabrá cuál es la diferencia entre un informe y un borrador de informe. Sencillamente el borrador es un proyecto que formula preguntas para respuesta de la entidad controlada. Ningún análisis juicioso puede prescindir de esas respuestas en su evaluación. Aun el informe final -cuando se produzca- es un proyecto, sujeto a controversia, que busca determinar si hay lugar o no a un juicio fiscal. No una condena, como ha querido presentarse.

En dichas respuestas a la Contraloría, la Comisión de Televisión señaló que no existía impedimento legal para que el ingeniero Aldo Buenahora -quien, dicho sea de paso, es una persona muy respetable- actuara como perito en el tribunal de NTC, por haber sido miembro suplente de la junta directiva de la liquidada empresa Microexpress, junta de la que también yo fui suplente. Si el doctor Velásquez revisara sus libros de derecho civil, se daría cuenta que eso no nos hace socios a él y a mí, y mucho menos a NTC.

Los apoderados de la programadora llegaron a la misma conclusión: No había tal impedimento. Sin embargo por delicadeza, para evitar cualquier duda, decidieron solicitarle al tribunal que fuera nombrado otro perito. Ofrecieron incluso suspender los términos y asumir todos los costos en los que se incurriera. A esa petición, de NTC y solo de NTC, accedió el tribunal. El documento que lo demuestra se lo entregué al señor Sixto Alfredo Pinto, director de "La Otra Verdad", quien decidió omitir su publicación porque no resultaba útil para la estrategia de ellos.

El columnista también señala como escandaloso hallazgo el hecho de que NTC pagó con sus archivos periodísticos y material audiovisual, deudas con la Comisión Nacional de Televisión por 1.793 millones de pesos. Reproduciendo la versión de "La Otra Verdad", sin beneficio de inventario, asegura que cada cinta de video -como si la cinta estuviera en blanco o no tuviera valor alguno su contenido- le costó al erario 800 mil pesos. No se pregunta, en cambio, si ese puede ser o no el valor y por cuánto se venden actualmente esos "noticieros y programas viejos", como él los califica. Tampoco se preocupa por averiguar si la dación en pago fue una política de alcance general o si fue hecha a la medida de NTC, como lo sugiere "La Otra Verdad".

En primer lugar debo decirle que todas los concesionarios de espacios en los canales Uno y A, recibieron esa oferta de la CNTV. Además de NTC, 12 de ellos optaron por acogerse a ese mecanismo de pago consagrado en la ley. Por ejemplo Punch, a la que estuvo vinculado el muy uribista ex canciller Luis Fernando Jaramillo, pagó de esta forma 2.728 millones; Andes, de la familia del ex presidente Turbay, pagó 2.388 millones, y así podríamos seguir. Ni ellos, ni NTC hicieron algo indebido. Lo curioso es que se resalte como escandaloso el acuerdo de NTC, quizás sea porque allí estoy yo que no profeso el mismo credo político de los demás.

Pero no hablemos de política, sino de plata. La CNTV evaluó el resultado económico de las daciones en pago y concluyó que con los acuerdos no solo se habían extinguido las deudas sino que además el valor comercial de los videos estaba un 12 por ciento por encima de los compromisos saldados por los concesionarios. En el caso específico de NTC, el material entregado ha tenido una recuperación del 135.54 por ciento, según las cuentas de la propia comisión. Y es que, por ejemplo, la fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, que recibió de la CNTV el encargo de conservar y custodiar las cintas como el doctor Velásquez las llama, vende un minuto de archivo por un valor que está entre 60 mil y 120 mil pesos. Vámonos por el más bajo: 60 minutos de archivo, como los que a perpetuidad compró la CNTV por 800 mil pesos, son vendidos por 3 millones 600 mil pesos a los usuarios, y el comprador solo los puede emitir una vez.

También menciona como gran descubrimiento, como si fuera algo oculto y misterioso, que César Villegas fue socio de NTC. No menciona que lo fue antes de que tuviera problema alguno con la justicia. Cuando era gran amigo y anfitrión de varios políticos nacionales, entre ellos el entonces senador Álvaro Uribe Vélez, de quien el padre del doctor Velásquez fue embajador en Chile hasta hace unos días.

Tampoco dice que fui yo quien sacó a Villegas de NTC, después de un prolongado litigio en la Superintendencia de Sociedades. No lo "tumbé" como lo sugiere el columnista, retomando una vez más lo afirmado por esa publicación que hace suyo el lenguaje de los malandrines, lo vencí en derecho y le compré sus acciones con un préstamo bancario que pagué escrupulosamente durante cuatro años de sacrificio.

Tengo el documento en el que Villegas declara que recibió a satisfacción su pago y que en consecuencia deja de ser accionista de NTC, todo esto antes de que tuviera proceso penal alguno en su contra.

En cambio no he sido, ni seré nunca, socio del señor Juan Gonzalo Ángel, conocido en su mundo con el alias de "Carevaca", y quien ahora lo afirma mientras oficia como distribuidor informal de "La Otra Verdad". Él sabe que la única vez que lo he visto fue este año cuando me pidió una cita para intentar que Noticias Uno suspendiera las denuncias que venía haciendo sobre las maniobras suyas y de Alberto Pico para la elección del comisionado de televisión Fernando Álvarez. Si lo quiere negar, tengo grabada la conversación en la que lo admite. En esa misma grabación, que está disponible para el doctor Velásquez, consta que fue a proponerme negocios de televisión. Curioso que quisiera recientemente asociarse conmigo, si según él yo había tratado de "tumbarlo" en el pasado.

Son tan distintos esos personajes al doctor Velásquez que no puedo entender cómo terminó creyéndoles a ellos y al ex convicto narcotraficante Carlos Náder Simmonds, cuyas amenazas en mi contra denuncié meses antes de esta escandola artificial.

El doctor Velásquez es una persona decente y estoy seguro que recapacitará. Le respondo con toda humildad, dándole las explicaciones que me pide, aunque él me llame "intocable" y juzgue que el periodismo nacional no se ha sumado a mi linchamiento moral por "solidaridad de cuerpo". No hay tal, doctor Velásquez, lo que sucede es que ellos sí averiguaron antes de publicar.