Su padre se lo dijo un día, cuando Pablo de Jesús Cano Pulgarín era todavía Pablito, un niño de apenas once años: "usted algún día va a ser el alcalde de este pueblo".
El viejo Pedro Pablo murió hace 15 años y, tristemente, no vivió para ver cumplido su pronóstico: Pablo de Jesús, su retoño, se convertiría 23 años después en mandatario de La Pintada, un cargo al que accedió cuando ni siquiera lo tenía en sus planes, pero al que no pudo negarse a aspirar porque el propio pueblo se lo pidió.
-Yo trabajaba en Comfenalco y por mi mente ni pasaba eso, pero mucha gente del pueblo me lo propuso, querían que se acabara tanta corrupción acá, con alcaldes que sólo duraban meses-, relata Pablo de Jesús.
Este joven burgomaestre tuvo su prueba de fuego esta semana, cuando trece personas ocupantes de una buseta se hundieron en el río Cauca (sobrevivió Olga Teresita Ramírez), a la altura del sitio La Herradura, de Valparaíso, pero más cerca a su localidad, y a él le tocó ponerle el pecho al rescate de los cadáveres.
La verdad, lo ha hecho de tal forma, que a la familia Ortiz, a la que pertenecían once víctimas, se le acabaron los elogios para agradecerle.
-Ese alcalde ha hecho todo por nosotros. El martes nos acompañó hasta las doce (p.m.) en la morgue y al otro día, a las cinco de la mañana, ya estaba de pie trabajando en el rescate-, reconoció María Ortiz mientras veía aterrizar -el miércoles- un helicóptero de la FAC con los cadáveres de Fernando Jaramillo y del niño Carlos Ortiz, uno de los cinco hijos de Olga Ramírez, la única sobreviviente de la tragedia y quien el jueves encabezó el sepelio colectivo de diez de sus allegados, entre ellos su esposo y sus cinco pequeños.
Fe en Dios
Hay que aplaudir la gestión de los rescatistas, que en tiempo récord de cuatro días recuperaron del Cauca 11 de los 12 muertos (sólo falta Virgelina Ortiz). Al alcalde habría que hacerle honores.
Su fe en Dios, dice él, ha sido vital para la tarea.
-Todo el tiempo le pedí a María Auxiliadora que nos ayudara, que nos devolviera esas personas así fuera sin vida-, afirma Pablo, que fue mesero de restaurante, vendedor de empanadas, vigilante y hasta cantante de rancheras en su campaña.
Es un hombre de tesón y de fortaleza. Por eso, aunque sólo falta por rescatar a doña Virgelina, dice que no abandonará su lucha. Ayer iba por el Cauca ocupando una de dos lanchas llenas de rescatistas con la fe puesta en que Virgelina aparecería. El Dapard también insiste en que seguirá buscándola con apoyo de los organismos de socorro y de la Fuerza Pública.
-Es un acto de respeto por la vida, por el dolor de esta familia. Mientras no aparezca lucharemos para arrebatársela al Cauca-, sentenció el alcalde.
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