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UN AÑO QUE VIENE (1)

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19 de diciembre de 2012
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Entre fiestas, encuentros familiares y regalos, resulta claramente inoportuno hablar sobre política en Colombia, particularmente si es de la que está por venir. Sin embargo, en la turbulencia que es la realidad nacional, es importante pensar en lo que el próximo año nos puede traer.

En Colombia, el escenario político de 2013 estará marcado por el decreciente poder del actual presidente de la república. Incapaz de escapar de sus derrotas políticas de finales de 2012, Juan Manuel Santos tendrá que enfrentarse a una coalición de gobierno que se empieza a preparar para las elecciones de 2014 y que ni siquiera la mermelada burocrática podrá mantener firme cuando la posibilidad de ir con el candidato perdedor se haga más clara

En efecto, el descenso de la popularidad y aprobación del Presidente podría resquebrajar su "Unidad Nacional", pues ni congresistas ni políticos locales querrán arriesgar sus propias aspiraciones electorales por las grises posibilidades de reelección de Santos.

Aunque esto parezca claro, las alternativas políticas al santismo son cuando mucho modestas. Por un lado, el uribismo se encuentra en el peor de los escenarios: Uribe no puede volver a la presidencia, pero su histórica incapacidad para "endosar" votos le impide capitalizar su popularidad y apoyo en un candidato de su elección.

Mientras tanto, en el centro del espectro, el Partido Verde se debate sobre su propia identidad y bajo el peso de la ausencia de figuras que puedan hacerse pasar por "presidenciables". Sin ideas claras, seguirá arrimándose a donde su poco poder electoral le pueda traer los mayores beneficios políticos. El Polo, y en general la izquierda, no podrá recuperarse todavía de los golpes sufridos por las fallidas administraciones de Bogotá, algo que los electores recordarán por mucho más tiempo de lo que quisieran sus dirigentes.

Y es justo ahí, en la ausencia de liderazgos claros y sobre las cenizas de la confianza del público en los políticos, en donde reside la esperanza para el candidato inesperado, el personaje que no entra en las cuentas de nadie, aquel que capitalizará el descontento general con las dinámicas políticas actuales.

No importa su color o inclinación, porque estoy convencido que el candidato que logre deslindarse de las debacles del fallo de La Haya y el proceso con las Farc, de la responsabilidad por el sufrimiento de Bogotá o las rancias peleas políticas de los últimos meses, tomará la delantera en 2013 y ganará la presidencia en 2014.

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