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"Y no hay sobrecostos": dice la Contraloría

EL ENTE DE control afirma que parte del salto en la inversión del metroplús se debe a la actualización del valor del dinero en el tiempo. La improvisación es una de las secretas claves del proyecto.

  • "Y no hay sobrecostos": dice la Contraloría | Jaime Pérez | Tal como están las cosas, los municipios de Medellín, Envigado e Itagüí tendrían que subsidiar las tarifas del metroplús. Otra salida, sería rebajar los requerimientos técnicos y tecnológicos del sistema para aliviar los costos.
    "Y no hay sobrecostos": dice la Contraloría | Jaime Pérez | Tal como están las cosas, los municipios de Medellín, Envigado e Itagüí tendrían que subsidiar las tarifas del metroplús. Otra salida, sería rebajar los requerimientos técnicos y tecnológicos del sistema para aliviar los costos.
09 de mayo de 2010
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"El metroplús arrancó cojo", sentencia Carlos Mario Escobar Álvarez, contralor General de Medellín. "Los trabajos comenzaron apoyados en planos y diseños conceptuales, alejados de la realidad, lo cual ha llevado a la realización de obras extras en forma permanente".

El espejo de ello es el taxímetro de los costos, que ya marca 1,2 billones de pesos. De esta cifra, los aportes públicos para el desarrollo de la infraestructura ascienden a 854.640 millones de pesos. Los restantes 171.217 millones de pesos corresponden a la inversión que deben hacer los empresarios privados en buses, patios y talleres.

Aunque estos números le rinden culto al gordismo del muy universal maestro Fernando Botero, dos respetables fuentes afirman que no estamos ante una feria de sobrecostos: Tulio Betancourt y Carlos Mario Escobar Álvarez.

El primero de ellos, o sea Betancourt, es un experimentado funcionario del gas que Empresas Públicas de Medellín (EPM) le prestó a Metroplús para que fuera su gerente entre el 5 de mayo de 2008 y el 30 de abril de 2010. En su análisis aparecen por lo menos 11 factores que explican un incremento de 443.083 millones de pesos entre el costo inicialmente estimado y el monto actual.

Tanto el ex funcionario, como Escobar Álvarez, le hacen mucha fuerza a la actualización del valor del dinero en el tiempo. Sin embargo, este ítem solo pesa un 16 por ciento, quedando por debajo de lo pagado por predios y reasentamientos (26 por ciento) y la construcción de los corredores pretroncales (24 por ciento).

El tema de las obras adicionales parece más decisivo. El Contralor afirma que como esas adiciones eran necesarias para el buen desarrollo del proyecto, "no constituyen un sobrecosto".

Algunas, sin embargo, tienen el rostro típico de una mala planeación. Escobar Álvarez documentó el caso del tramo Fatelares-Palos Verdes, en donde hubo qué demoler 157,8 metros cúbicos de losa de concreto para hacerle una robusta cobertura a la quebrada El Ahorcado, pues de lo contrario los buses del metroplús corrían el riesgo de hundir la vía y terminar en una especie de ataúd. El resumen: las obras en ese tramo pasaron de 42.339 millones de pesos a 56.223 millones de pesos; el plazo de entrega subió de 9 a 35,5 meses; y el contrato registró siete ampliaciones, de las cuales las primeras cinco se hicieron en el curso de 16 meses.

¿Improvisación?
Sí. Y ahí viene uno de los "secretos" que ayuda a entender el accidentado desarrollo de esta obra de infraestructura. En Antioquia duele ver tanto desgaste y frustración con el metroplús, porque en firmas como ISA, Isagén y EPM es parte de su cultura la realización de billonarias obras públicas en un menor tiempo y con menos plata.

Eso es impensable en proyectos como el metroplús, que tienen su suerte atada a documentos Conpes, créditos del Banco Mundial y aportes del Gobierno Nacional. Para su despegue les basta un borrador, o más técnicamente, un diseño conceptual, que sobre la marcha se va ajustando. Por eso es que a Betancourt, que es de la muy rigurosa Escuela de EPM, un ministro del Transporte le tuvo que decir: "Póngase a aplicar lo que vimos en la universidad y verá que me llevo la plata para los sistemas de otras ciudades que compiten por estos recursos".

El ex gerente de Metroplús reconoce que no es fácil adaptarse a un caramelo como este, o sea a un modelo de ejecución que no tiene par y en donde las cosas hay que hacerlas ya y como diga la Nación, porque es la que carga con entre el 40 y el 70 por ciento de la inversión.

Parece cuestión de locos, pero tiene su lógica. Con todo y lo descomunal que empieza a sonar la inversión en el metroplús, al final los sinsabores, errores y desencantos se compensan con creces cuando ruedan sus buses repletos con pasajeros. Los expertos le llaman a eso externalidades. En términos prácticos es la expresión, en dinero, de la cadena de beneficios del proyecto. Eso va desde una menor accidentalidad, hasta más seguridad, sentido de pertenencia, alivios en enfermedades respiratorias y un largo etcétera. Por eso a Betancourt le tocó desaprender buena parte de lo aprendido en EPM y aguzar su intuición para no perjudicar una obra tan millonaria como sui generis.

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