Los dos hombres se miraron frente a frente y un mundo entero sucumbió al nacimiento de otro. En su encuentro, a las afueras de Tenochtitlán, hoy Ciudad de México, Hernán Cortés y Moctezuma no se tocaron. En sus crónicas, los españoles describieron su impresión del emperador azteca, quien arribó rodeado de varios hombres que lo traían del brazo y barrían el suelo que debía pisar. Vestidos de prendas incrustadas de oro, de jade y de perlas, con largos plumajes verdes, los méxicas recibieron a los conquistadores hace más de 500 años con preciosos regalos que hoy México exige al mundo les sean regresados.
Mucha luz queda por posar sobre el momento en que el “viejo” y el “nuevo” mundo (no tan nuevo, pues Tenochtitlán había estado allí 200 años antes...