Pico y Placa Medellín
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La decisión de la ciudad italiana de prohibir grandes cruceros llama a pensar sobre el turismo de masas.
Hace más de 1.500 años Venecia existe a pesar de la lógica. Asentada sobre un reguero de 118 islas interconectadas por puentes y canales, la ciudad “contra natura”, como la calificó el escritor y político francés, Chateaubriand, vive el asedio del tiempo y del agua. Como en un estanque en el que se deja caer una moneda, las olas se levantan de tanto en tanto sumergiendo cada vez y un poco más al milagro veneciano. Las monedas, en este caso, son cruceros de más 50.000 y hasta 90.000 toneladas.
La imagen podría asemejar a un elefante en un pesebre. Los enormes cruceros navegan en canales y entre calles que más se parecen a un cuadro del siglo IX. La histórica plaza central, construida, como el resto de la ciudad, sobre millones de pilotes de madera enterrados en el barro, alberga la basílica de San Marcos y el Palacio Ducal, dos de los edificios más valiosos históricamente de toda Europa, repite Miguel Ángel Cajigal, historiador de arte español. Los cimientos se tambaleaban al paso del turismo...