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Desde el auge de la actividad empresarial a finales del siglo XIX, y especialmente como consecuencia de las diferentes crisis que han azotado el mundo, se ha cuestionado el papel de las empresas. Para muchos, su rol es solo enriquecerse, producir bienes y servicios, crear empleos y pagar impuestos; para otros, su papel implica preocuparse por el bienestar de la sociedad en la que habita, ya que de esta obtiene los insumos y recursos que necesita para operar.
Pero estas visiones no son aisladas entre sí, pues el valor de una compañía comenzó a tener una visión más de largo plazo, incorporando beneficios tangibles e intangibles, que suponen a su vez diferentes y nuevas responsabilidades.
Y es que un sector privado responsable se convierte en el mejor aliado para el desarrollo económico y social de una región. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) ha tenido una acelerada evolución en las últimas décadas, como consecuencia de la intensificación de la globalización, la explosión de los medios informativos y redes sociales, y el crecimiento de la demanda de bienes y servicios, que en ocasiones son producidos en condiciones de desatención a los derechos de las comunidades.
Para el organismo, las crisis financieras, atribuidas a irresponsabilidades empresariales, codicias individuales y negligencia de los reguladores, y que han afectado a gran parte de la población, agudizó la sensibilidad general hacia el tema del compromiso empresarial con la sociedad.
Esto ha hecho que las prácticas empresariales responsables sufran una evolución desde la filantropía más tradicional, pasando por el gobierno corporativo, hasta llegar a los comportamientos responsables como parte de su estrategia.
Ahora, cada vez más las empresas están buscando mantener una buena reputación a través de la confianza generada en el consumidor y de la motivación de sus empleados. Esto les ha permitido obtener ventajas competitivas al atraer y retener a más socios, inversionistas y consumidores.
Las más responsables de Colombia
Con miras a evaluar el compromiso de las empresas colombianas con el medioambiente (E), el ámbito interno, clientes y sociedad (S), y el nivel ético y de gobierno corporativo (G), Merco publicó este año su ranking Responsabilidad ESG Colombia 2023.
Las primeras cinco dentro del top 100 de las mejores en clientes y sociedad fueron Bancolombia, Crepes & Waffles, Grupo Nutresa, Alpina y Ecopetrol. Esas cuatro primeras también conservaron sus lugares en el listado de gobierno corporativo, solo pasando Sura al escalafón cinco. (Ver tabla).
“Ubicar en nuestra estrategia los criterios ESG es cumplirle a todo un país, impulsando acciones con impacto ambiental, social y de integridad, pero, sobre todo, es un llamado a convocar e incidir para que otras industrias se sumen a seguir aportando positivamente en materia de gobierno corporativo como pilar fundamental en la construcción de confianza”, afirmó Mauricio Rosillo, vicepresidente de Negocio de Bancolombia.
Pero, ¿qué están haciendo ellas para estar en el podio de las más comprometidas socialmente? La promesa de Bancolombia, por ejemplo, es que más allá de los servicios financieros que ofrecen desean generar un impacto importante en el bienestar de las comunidades donde tienen presencia.
Según la entidad, esto se hace evidente en sus cifras: en 2023 hicieron desembolsos por $37,92 billones para apoyar iniciativas con impactos ESG. Estos fueron dirigidos al fortalecimiento del tejido productivo, a la financiación de iniciativas que construyen comunidades sostenibles y a la inclusión financiera.
En cuanto a Crepes & Wafles, se destaca su compromiso con las mujeres —en especial con las madres cabeza de hogar—, y el trabajo con los agricultores colombianos, incorporándolos a su cadena de abastecimiento —ya cuenta con proveedores en 10 territorios del país donde se benefician más de 900 familias—.
Por el lado de Nutresa, se puede mencionar su programa de Liderazgo y Gestión Escolar, el cual ha impactado a 140.000 estudiantes de 121 instituciones educativas públicas del país. También están las Becas Nutresa, en alianza con Eafit, que buscan otorgar 200 becas, de las cuales 195 están dirigidas a jóvenes bachilleres de estratos 1, 2 y 3, con énfasis en mujeres.
Otra de sus iniciativas pretende desarrollar capacidades en mujeres desempleadas, en habilidades laborales tradicionalmente asociadas a roles masculinizados.
Los beneficios
Sandra Sierra, directora ejecutiva de Fenalco Solidario, explicó que cada vez más sectores económicos están haciendo importantes apuestas en programas de responsabilidad social. Solo el año pasado más de 300 empresas se certificaron como organizaciones comprometidas con este ítem.
Las más comprometidas fueron las empresas grandes, con una participación del 48%; las medianas (34%), las pequeñas (15%) y las micro (3%). Por regiones, Antioquia (49%) y Bogotá (33%) fue donde hubo mayor liderazgo.
Sobre los beneficios que trae para las empresas implementar prácticas responsables socialmente, Fenalco Solidario destaca la mejora de la reputación y la confianza en la marca; el aumento de la lealtad de los clientes y la retención de empleados, además de la reducción de costos operativos y riesgos legales.
Por otra parte, esto también les permite tener acceso a nuevas oportunidades de negocio; diferenciarse frente a la competencia y ser más atractivas para inversores y socios comerciales.
Desde la visión de la Andi, ser social es rentable para la industria cuando hace parte de su core business, puesto que trabajar por disminuir las inequidades que del país es construir entornos y mercados estables y favorables para los negocios, generar mayor demanda de bienes y servicios, y contar con mano de obra mejor calificada.
Por todas las anteriores razones, Rafael Felipe Gómez, especialista en derecho comercial y analista empresarial, anotó que este compromiso social no puede ser visto como una carga, sino más bien como un aporte que retribuye a la comunidad en general y cuya mejora repercute directamente sobre la misma empresa.
Y aunque muchas veces se cree que esta es solo una tarea que deben asumir las grandes empresas, el experto recalcó que las pequeñas y medianas también deberían incorporarlo en sus modelos y estrategias de negocio.
Las prácticas responsables
sufrieron una evolución, pasando
por la ciudadanía corporativa, hasta llegar a los comportamientos responsables
como parte
de la estrategia.
Periodista de la Universidad de Antioquia. Especialista en Gestión de la Comunicación en las Organizaciones. Antes en El Tiempo. Premio Camacol (2024) y Asobancaria (2021 y 2024).