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Una bióloga enamorada de la docencia ganó el Premio Ángela Restrepo 2023

Se trata de Carolina Lenis Vélez, quien además de ser egresada de la UdeA, investigadora asociada del Pecet y experta en helmintología, hoy se dedica a la docencia de niños y jóvenes en una escuela rural de Necoclí.

  • Carolina Lenis Vélez recibió el Premio Ángela Restrepo 2023 por su compromiso con la educación científica en niños y adolescentes. Foto: Cortesía Dirección de Comunicaciones UdeA / Alejandra Uribe
    Carolina Lenis Vélez recibió el Premio Ángela Restrepo 2023 por su compromiso con la educación científica en niños y adolescentes. Foto: Cortesía Dirección de Comunicaciones UdeA / Alejandra Uribe
05 de diciembre de 2023
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La dedicación y la gestión que tiene Carolina Lenis Vélez por la motivación y orientación de niños y jóvenes hacia la investigación y el estudio de la ciencia, se ve reflejado en el Premio Ángela Restrepo Moreno que recibió el pasado 30 de noviembre, un reconocimiento que cada año les entrega el Capítulo de Antioquia de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, a maestras de educación básica y secundaria comprometidas con la educación científica.

Lenis, que nació en Barrancabermeja, muy cerca del Río Magdalena, siempre estuvo conectada por la naturaleza gracias a las influencias que recibió de sus padres, abuelos y de maestros de Ciencias Naturales, influencias que, varios años después, la llevaron a graduarse como bióloga y magíster en biología de la Universidad de Antioquia, y como doctora en parasitología humana y animal de la Universidad de Valencia.

Hoy, sin embargo, y pese a no dejar a un lado su naturaleza investigativa, se dedica a la docencia en la Institución Educativa Rural Mulatos, ubicada en Necoclí, en donde ha cumplido un rol primordial para toda la comunidad educativa, al liderar y engranar varios proyectos sociales con la ciencia y con la consciencia ambiental; y desde donde dice, sin temor: “Las escuelas nos merecen”.

EL COLOMBIANO habló con ella sobre su trayectoria y sobre lo que significa recibir este premio.

¿Cómo es que una experta en helmintología —ciencia que estudia a los vermes (gusanos) o helmintos— se enamora de la educación científica orientada hacia los niños y jóvenes?

“Cuando vas a la escuela y ves que los niños se maravillan con la visita de un investigador científico y empiezan a hacer preguntas curiosas, a hacer proyectos para las ferias de las ciencias, puedes evidenciar toda la creatividad que tienen para formular nuevas propuestas de pensamiento muy libres y novedosas, uno se da cuenta que hay ahí una semilla muy especial, que hay que formar desde la escuela”.

Después de acercarse a la docencia en la Escuela del Maestro, el Parque Explora y una escuela en Envigado, hace tres años llegó a Necoclí, a dar clase en la Institución Educativa Rural Mulatos, ¿a qué retos se vio enfrentada entonces?

“Cuando llegué al territorio me emocionó muchísimo todo ese entorno natural y la biodiversidad, porque en esta institución confluyen varios ecosistemas: la desembocadura del Río Mulatos, el mangle y el mar. Entonces era como estar en un laboratorio de biodiversidad, o sea, no hay infraestructura, no tengo un laboratorio físico, no tengo equipos, no tengo reactivos, pero tengo el laboratorio vivo y eso me motivó mucho a pensarme las clases, pero al mismo tiempo me encontré con un conflicto muy delicado de la comunidad con los animales, y ahí tomé la decisión de empezar a trabajar, con mis otros compañeros profesores de ciencias, el tema de reconciliación de los niños con su biodiversidad para que aprendieran a valorar el territorio que habitan, a conocer las especies que los rodean, sus funciones ecosistémicas, y creamos el proyecto Anfibios en Acción: escuela protectora de fauna y flora”.

¿Cómo impactó ese proyecto a la institución educativa?

“Empezamos a gestionar recursos y a hacer una serie de actividades que nos permitieran tener un alcance más amplio en los niños, pero, de forma paralela la profesora Ana Paola estaba haciendo un proyecto de justicia de Educapaz, que se llama Justamente. Nos dimos cuenta de que estábamos hablando el mismo idioma: el de la reconciliación, de reparación, de convivencia, de justicia con la naturaleza, entre la comunidad, y dijimos: Tenemos que trabajar juntos porque no podemos enseñarle a los niños que el territorio está fuera del conflicto, sino que a través de la reconciliación con la biodiversidad podemos fomentar valores del respeto en la comunidad. Y así lo hicimos”.

¿Y de esa articulación entre Anfibios en Acción y Justamente qué tipo de actividades surgieron?

“Al final nos unimos varios profesores de distintas áreas y creamos un semillero de bullerengue ambiental en donde se enseña canto, danza y percusión y en los que ya estamos empezando a hacer composiciones ambientales; un semillero de artes plásticas enfocado a bachillerato a través del cual estamos haciendo muralismo ambiental y señalética escolar, y por ejemplo, ya los niños solitos se han motivado a hacer la señalética del mangle o de sus casas; está el semillero de pódcast, empezamos a hacer piezas sonoras de las estrategias ambientales y de las fiestas patronales, por ejemplo; y hay un último semillero que es el de los niños de preescolar en el que hacemos educación inicial”.

¿Por qué cree que “los científicos tienen una responsabilidad social con las escuelas”?

“Cuando me vine para acá, para Necoclí, muchos de mis colegas doctores me tildaron de loca. ¿Cómo una doctora se va a ir a meter al mundo rural? Pero realmente para mí, como bióloga, el campo tiene muchas oportunidades y la escuela es donde están las semillas de las oportunidades. Entonces ha sido como un poco paradójico, ¿por qué? Porque nosotros hacemos ciencia y esa ciencia termina en las escuelas. Nosotros somos los que estamos generando conocimiento, descubriendo especies, buscando curas a las enfermedades y un montón de cosas, y creemos que estamos por encima de la escuela. Y no, personalmente pienso que nosotros tenemos una responsabilidad social con las escuelas, y que sí, que deberíamos participar de los procesos educativos de los niños. Creo que eso es un tema un poco controversial, pero que sí se debería replantear desde los grupos académicos, porque es una conversación pendiente: son dos mundos que se miran feo a veces, pero que van por el mismo camino”.

¿Qué representa el Premio Ángela Restrepo Moreno para usted?

“Cuando me gané el premio no era consciente de lo que me estaba ganando entonces lo primero que pensé fue: Colombia está empezando a reconocer el rol de las mujeres en la construcción del conocimiento y nuestro esfuerzo para que todo se mueva. Después, viendo todo con mayor conciencia me di cuenta de que soy un referente para todas las niñas y los niños de Mulatos, para mis estudiantes que me dicen: Profe, cuando yo vaya a la universidad voy a estudiar lo mismo que usted, y eso me motiva mucho porque yo quiero enamorarlos del conocimiento y creo que lo estoy logrando, en un futuro ellos van a ser los maestros de su territorio, las médicas, los ingenieros, entonces, ¿para mí que representa? El legado de estos niños, porque son ellos los que van a transformar este lugar, quienes van a mejorar la calidad de la educación aquí”.

¿Quisiera dejarle algún consejo a sus colegas doctores?

“Sí. Quiero invitar a mis colegas doctores a que miren las escuelas, a que se peguen la pasadita por ellas, que hagan pasantías en ellas, a que den clase, a que se encuentren con los niños en el aula y conversen con ellos de sus sueños, de sus expectativas, de sus dificultades, a que hagan laboratorios con ellos, o sea, a que tengan esa valentía de ir a las escuelas rurales, porque la ruralidad es muy hermosa y los niños nos merecen... La escuela nos merece”.

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