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Sí al fracking, pero con condiciones

Guillermo Perry no se puede encasillar en solo un tema económico. EL COLOMBIANO habló con él sobre el sector minero-energético, fiscal y el Plan Nacional de Desarrollo.

  • “No interesa al economista que un individuo responda a un estímulo, sino cómo el promedio los individuos responderán. De ahí se obtiene una explicación abstracta que permite incluso una predicción”, dijo Guillermo Perry. FOTO Álvaro Tavera, Colprensa
    “No interesa al economista que un individuo responda a un estímulo, sino cómo el promedio los individuos responderán. De ahí se obtiene una explicación abstracta que permite incluso una predicción”, dijo Guillermo Perry.
    FOTO Álvaro Tavera, Colprensa
Por enrique lópez | Publicado el 08 de abril de 2019

Por Enrique López

Nunca quiso ser ingeniero aunque así lo demuestra su diploma. Entró a esa carrera en la Universidad de los Andes, para obtener una buena formación en matemáticas, y fue un curso de economía de la ingeniería lo que lo cautivó y ahí, en la economía se quedó. Tanto así que tiempo después se fue al Massachussets Institute of Technology (MIT) para hacer sus estudios doctorales en esta área del conocimiento. Guillermo Perry no se puede encasillar. Trabajó para montar los primeros modelos matemáticos de la interconexión eléctrica del país, cuyas líneas se estaban construyendo.

También fue director de impuestos de Alfonso López Michelsen, cargo en el que, con apenas treinta años, debió defender la reforma tributaria estructural de 1974. Pasó por el ministerio de Minas de Virgilio Barco y fue parte de la Constituyente, cargo en el que pudo dedicarse a soñar, junto con un selecto grupo de personas, el que debería ser el país del futuro. Su aporte fue principalmente en los temas económicos, ambientales y sociales, por eso se atreve a decir que “la oposición absoluta a los no convencionales es irracional” porque él mismo introdujo en la Constitución el concepto del desarrollo sostenible. Además, fue jefe de la cartera de Hacienda de Ernesto Samper, puesto al que renunció por el malestar que le generaba todo lo lo que se sabía del proceso 8.000, pero alcanzó a tramitar otra reforma tributaria.

Aunque parezca imposible tuvo contacto con el marxismo: “Habría que haber sido uno muy nerd para no abrir la mente a las nuevas cosas que estaban surgiendo. En Harvard se creó un grupo que se llamaba The Union of radical political economy, que eran neomarxistas”. Perry asegura que el marxismo como teoría no aguanta un análisis riguroso, como le enseño Paul Samuelson en curso que impartió en MIT, aunque reconoció que la parte del materialismo histórico sigue teniendo interés hasta nuestros días: “Esa parte fue la que más me atrajo. Me pareció que los economistas que utilizaron el materialismo dialéctico de una manera inteligente siempre aportaron”.

Durante 12 años fue economista jefe para América Latina del Banco Mundial, donde tuvo una intensa actividad intelectual, y hoy es profesor de la facultad de economía de su alma máter y participa en el Comité Consultivo de la Regla Fiscal y en medios de comunicación con columnas de opinión. Sobre su experiencia habló con EL COLOMBIANO.

¿Su visión de la economía era muy formalizada, muy matemática?

“Inicialmente sí. Yo venía a la economía desde la matemática, lo que más me gustaba era la formalización, los modelos. Más adelante empieza a interesarme la parte social que tiene la economía. Ver la realidad, mirar los comportamientos y abstraer de ahí. La mezcla que tenemos los economistas de mirar la realidad y poder entender su lógica. MIT tenía una escuela muy matemática, pero muchos profesores insistían en que no simplemente se trataba de hacer modelos. Así opinaban Samuelson o Robert Solow, dos de los profesores más destacados de la escuela. Samuelson, en particular, insistía mucho en la intuición para hacer sus análisis del bienestar. Los economistas queremos entender cómo se comportan las personas y todo supuesto que se haga para ese fin debe ser explicado y tener sentido. Los economistas cada vez trabajan más con los psicólogos para entender el comportamiento y hoy tenemos una rama de estudio que se llama economía del comportamiento. Esta última va a más fondo en la motivación de la gente para responder de una forma o de otra ante diferentes cambios, por ejemplo, en los precios”.

¿Sigue creyendo en el homo economicus? En ese ser calculador que maximiza su beneficio y solo tiene esa dimensión.

“Yo enseño a mis alumnos que se trata de una simplificación que es necesaria como una primera aproximación. Lo que importa para la ciencia no es que cada individuo se comporte de una manera, sino que en promedio los individuos se comporten así. No interesa al economista que tal individuo particular responda de tal forma a un aumento en los precios, sino si que promedio los individuos responden o no de esa forma. De ahí se obtiene una explicación abstracta que permite incluso una predicción. El modelo se debe abandonar si la predicción no es correcta”.

¿En su trayectoria como economista alguna vez fue marxista?

“Tuve contacto con el marxismo. Estuve en Boston en una época de mucha agitación estudiantil. Los estudiantes de Harvard y MIT no estaban de acuerdo con que dentro de las universidades existieran laboratorios que investigaran para la guerra e incluso lograron el cierre de dos de ellos. Estaba también el movimiento hippie y la lucha social. Habría que haber sido uno muy nerd para no abrir la mente a las nuevas cosas que estaban surgiendo. En Harvard se creó un grupo que se llamaba The Union of radical political economy que era neomarxista. Un marxismo más evolucionado y también formalizado. Yo participé en ese grupo. Leíamos a los ingleses (Perry Anderson) e italianos (Antonio Gramsci). Yo iba a los seminarios que eran muy interesantes. Los estudiantes de MIT, por definición con una formación en modelos matemáticos, exigieron cursos de marxismo pues decían que no era posible que una escuela tan importante de la economía no se enseñara en la universidad. Samuelson se ofreció a dar el curso y lo hizo desde una perspectiva crítica en la que explicaba la teoría y después ponía a prueba su coherencia y sus predicciones. Decía, por ejemplo, que como modelo el valor-trabajo no funcionaba porque no cerraba y que la predicción empírica del derrumbe del capitalismo no se cumplía. Uno veía que como teoría el marxismo no aguantaba un análisis riguroso. La parte del materialismo histórico sigue teniendo validez hasta nuestros días. Que fue la parte que más me interesó. Me pareció que los economistas que utilizaron el materialismo dialectico de una manera inteligente siempre aportaron. Yo mismo trabajé un libro con Rocio Londoño y Hernando Gómez Buendía (Sindicalismo y política económica ), con un marco teórico neomarxista que desarrollé en Oxford, como profesor visitante”.

¿Cómo fueron sus primeras experiencias laborales?

“Yo entré como técnico del Deparramento Nacional de Planeación al año del gobierno Carlos Lleras, después me fui a MIT. Pase mis exámenes doctorales y me llamaron a un cargo de jefe de unidad de control presupuestal. Después, pasé a la subdirección, cuando Augusto Cano se fue a la decanatura de economía de la universidad de los Andes. Me tocaba ir a los Conpes como secretario técnico. Fue una gran experiencia con Lleras dirigiendo la reunión. Las decisiones se tomaban con base en documentos técnicos. Lleras no era un hombre autoritario sino un hombre con autoridad que emanaba de su seriedad y conocimiento. Cada vez que hablaba la gente atendía. Era amable, cordial, le gustaba la bohemia y nos hicimos amigos después de la presidencia. El leía mucho e inclusive nos llamaba a Miguel Urrutia y a mí a hacernos comentarios sobre lo que habíamos escrito, recuerdo sus comentarios a un trabajo mío sobre la historia de la planeación. Invitaba a gente joven a su casa: Luis C. Galán, Patricia Lara”.

¿Más adelante trabaja en impuestos en el ministerio de Hacienda?

“Estando en Fedesarrollo me ofrecen impuestos, en el gobierno de López Michelsen, gracias a mi experiencia previa en DNP. Yo no era el gran experto en temas tributarios, pero me lleve al ministerio al que si lo era Enrique Low Murtra. A el después le ofrecen otro cargo en el DNP. Un gran hombre y muy bien formado, era un monstruo tenía tres doctorados. Un gran amigo que perdí por el narcotráfico, como a Galán y otros”.

Usted que conoce la historia del Departamento Nacional de Planeación (DNP), ¿cómo ve su papel hoy en día?

“Fue perdiendo cierta importancia de manera inevitable a medida que muchos ministerios adquirieron capacidad técnica, ya no es el centro por el que todo pasa. También hubo gobiernos que rebajaron su papel; el primer golpe duro lo recibió la entidad en el gobierno de Álvaro Uribe. Otra cosa que debilitó a Planeación fue la asignación excesiva de tareas de ejecución como la coordinación del sistema de preferencias y el manejo de las regalías. Tuvo que crecer, se volvió muy burocrática y perdió ese carácter técnico en el que había críticas sobre las políticas sectoriales” (ver Anécdota).

¿Cómo ve el trámite de Plan de Desarrollo?

“No lo veo bien. El plan tiene cosas atrayentes como el tema territorial. En contraste no hay nada de nuevo en los temas sectoriales. La gran inconsecuencia del Plan es que en el articulado se le prevé a Planeación le quitan el manejo del presupuesto de Inversión. Eso le da peso a Planeación y por eso se le oye, además de la capacidad técnica, pero eso último no es suficiente por sí solo”.

¿Le parece bien que exista esa división entre gasto e inversión en entidades diferentes?

“Tiene sus inconvenientes, pero también grandes ventajas. Mal que bien el Ministerio tiene como mandato la estabilidad macroeconómica, así en los momentos críticos hay que optar por los objetivos de corto plazo, y está bien que haya una entidad mirando el largo plazo. El mecanismo de peso y contrapeso ha funcionado. El tema de la coordinación se puede mejorar. Llevar el presupuesto a Hacienda no traería beneficios. Si el DNP no tiene el plan de inversiones no tendría instrumentos para sacar adelante sus iniciativas. Esa historia de quitarle al plan de inversión a Planeación es una propuesta muy rara que nace de una recomendación tomada al pie de la letra sin mucho criterio”.

¿Entonces cree que sería buena en una reforma del Estado?

“No hay duda. El temor es lo que hizo en el Plan de Desarrollo: se pide autorización para alguna iniciativa y no se sabe cómo termina”.

¿Cómo están el sector minero-energético y Ecopetrol?

“Ecopetrol está bien. Me parece que el país tiene un problema de amnesia. Se olvida la diferencia que hace para la economía el que seamos importadores o exportadores de petróleo. Hemos pasado por varias etapas de esas. No podemos perder la autosuficiencia, tener que importar petróleo y gas masivamente haría que los costos de la energía se dispararán y atentaría contra nuestra competitividad y nuestro desarrollo. Tengo autoridad para hablar sobre el tema pues yo mismo introduje en la Constitución el concepto del desarrollo sostenible. La oposición absoluta a los no convencionales es irracional. Se habla mucho del caso francés, porque Francia prohíbe el fracking, pero el caso es que le toca porque sus yacimientos están debajo de las ciudades. Sin embargo, al tiempo utiliza la energía nuclear para generar su energía. Un sinsentido total”.

¿Se debe hacer fracking en Colombia?

“Hay que hacerlo, pero bien. Hay partes del país donde no se debe contemplar ese plan, ni la minería en los páramos, porque contaminan las fuentes de agua. Hay sitios en que por sismicidad y acumulación de acuíferos no se debe hacer fracking, pero hay sitios en que sí. Se propusieron unos pilotos, para después pasar a decir en qué áreas deben explotarse. Inclusive con un procedimiento muy conservador que va a tomar mucho tiempo. De pronto vamos a llegar muy tarde a ese proceso. Nuestra potencialidad es inmensa y hay que aprovecharla respetando la ecología, pero lo que no podemos es ignorar el peligro que representa para todos el que debamos importar de nuevo petróleo”.

¿Cómo ve la situación fiscal?

“Mal. Durante años del boom petrolero (2002-2014) debimos hacer ahorros. En el primer gobierno de Uribe cuando comenzaron a subir los precios se acababa de crear una comisión de gasto dirigida por Rodrigo Botero y con preeminentes economistas conformándola. Su primera recomendación al presidente era que adoptara una regla fiscal parecida a la chilena. ¿Para qué?, para ahorrar. Al presidente Uribe no le pareció porque pensaba que este era un país con grandes necesidades y para qué nos íbamos a poner a ahorrar... Además, el fondo de estabilización petrolera que habíamos creado, lo desbarataron con un miquito el Plan de Desarrollo. No ahorraron y se gastaron lo poco que se había ahorrado antes. El gobierno de Juan Manuel Santos, mucho más serio pero tampoco para ponerle una medalla, llevó el proyecto de regla fiscal pero con un período de transición muy largo, con lo cual la regla se empezó a aplicar cuando ya estaban bajando los precios del petróleo. Al fin de cuentas no ahorramos nada y cuando cayeron los precios pues había que ajustarse. Por eso el ministro Mauricio Cárdenas tuvo que correr a hacer un ajuste muy fuerte, con una pésima reforma tributaria que se apoyó en las sobretasas temporales que desestimulaban la inversión. La última reforma dejaba unas sobretasas temporales para cumplir la regla mientras se hacía una reforma estructural, se dejaba desde 2020 un gran hueco fiscal. El gobierno de Iván Duque sabiendo esto, pasa una reforma que da recursos este año pero deja vivo el problema fiscal. El lío de 2020 va a ser de la madona”.

¿Qué opinión deja el ajuste de la regla fiscal?

“La regla tiene un mecanismo que es una cláusula de escape hecha para cuando se presenta un evento inesperado de gran magnitud. En esas condiciones, se puede utilizar temporalmente, pero con gran prudencia. Si uno se excede hasta el punto que la dinámica de la deuda se complica, se corre el riesgo de perder el grado de inversión. El tema fiscal es el gran reto del Gobierno. A Duque se le queda pegado la sobrecarga tributaria a las empresas y eso al final no era tan válido. Fue muy importante el descuento del IVA a los bienes de capital para estimular la inversión pero vale mucha la plata. Además se dejaron vivas una gran cantidad de exenciones que al final van a causar muchos problemas”.

Contexto de la Noticia

anécdota eXPERIENCIA EN EL DNP

“Yo entré como técnico del DNP al año del gobierno Carlos Lleras, después me fui a MIT. Pase mis exámenes doctorales y me llamaron a un cargo de jefe de unidad de control presupuestal. Después pasé a la subdirección, cuando Augusto Cano se fue a la decanatura de economía de los Andes. Me tocaba ir a los Conpes como secretario técnico. Fue una gran experiencia con Lleras dirigiendo la reunión. Las decisiones se tomaban con base en documentos técnicos. No era un hombre autoritario, sino con autoridad que emanaba de su seriedad y conocimiento. Cada vez que hablaba la gente atendía. Era amable, cordial, le gustaba la bohemia, nos hicimos amigos después de la Presidencia. Él leía mucho e inclusive nos llamaba a Miguel Urrutia y a mí a hacernos comentarios sobre lo que habíamos escrito. Invitaba a gente joven a su casa: Luis Carlos Galán, Patricia Lara....”.


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