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Ernesto Ochoa Moreno
Columnista

Ernesto Ochoa Moreno

Publicado el 17 de octubre de 2020

100 años de El Santuariano

Hoy, 17 de octubre, se lleva a cabo en el salón de sesiones del concejo de El Santuario una de las jornadas conmemorativas de los cien años de la revista El Santuariano, “patrimonio periodístico y cultural de El Santuario, Antioquia y Colombia”, como reza la entradilla de la primera página de la edición N°. 526, del pasado 4 de julio. Fue exactamente el 7 de julio de 1920 cuando don Eusebio María Gómez Ramírez y su hijo Filemón de J. Gómez Salazar dieron inicio a una publicación que es emblema del periodismo municipal en el país y en el departamento.

Confieso mi debilidad por este periodismo alternativo, de provincia. Una de mis falencias y tristezas tal vez sea no haber nacido en un pueblo y por eso siempre he tenido interés y simpatía por los periódicos de pueblo que, hay que decirlo “non absque lacrymis” (no sin lágrimas, como diría el poeta latino), mueren pronto. Ocurre con casi todas las aventuras periodísticas que brotan en el campo de la comunicación alternativa. Morir joven es parte de su esencia. De su destino. Y los que mueren jóvenes son enamorados de los dioses, como decían también esos poetas latinos que tanto les gustaba citar a los viejos oradores pueblerinos

Haber sobrevivido es, a mi juicio, uno de los aspectos que hay que destacar en El Santuariano. Y, como ola de fondo, se impone resaltar un serie de valores que son el elíxir de eterna juventud de su supervivencia y que por lo además dan consistencia a la hazaña de publicar un periódico de pueblo: amor por el terruño, civismo acendrado, servicio desinteresado, empatía con los conciudadanos, desvelo constante y sin reticencias por las causas en bien de la población, sentido crítico y solidaridad en los problemas y tragedias. Y sobre todo, esa superior cualidad de no rendirse, de no avergonzarse. De jugársela toda por el pueblo. Que es en el fondo el sentido de la frase latina “alea jacta est” (la suerte está echada”) que sacó a relucir don Filemón en la primera edición de El Santuariano.

Vaya mi felicitación para los santuarianos amigos y conocidos. Ellos saben quiénes son sin tener que decir nombres. En especial, quisiera hacer en nombre propio y del periodismo antioqueño un reconocimiento al periodista Víctor León Zuluaga, quien por largos años ha sido el director del periódico y lo sigue dirigiendo con una pasión envidiable. Un abrazo para el amigo, colega y compañero en tantas encrucijadas periodísticas. Su experiencia y profesionalismo son parte esencial de la permanencia y del acierto comunicacional de El Santuariano. Loor a la efímera eternidad de un periódico de pueblo

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