Los quíntuples no dan más. Lucen ojeras de adúlteros. Recuerdan esos dentífricos que exprimimos con sevicia al final de su vida útil. Nuestros candidatos tienen voz de ventrílocuos, quienes la conservan.
Viven en modo reina de belleza que los obliga a estar siempre disponibles, a saber todo de todo.
Ignoran de dónde son vecinos, confunden el norte con el sur y el occidente con cualquier metrocable.
En casa los ven por televisión. Están exentos de cumplir sus deberes conyugales. El intenso blablablá electoral, el exceso de promesas los tiene a centímetros de la disfunción.
La dieta que llevaban se volvió rey de burlas. En los cachetes de los aspirantes hay restos de babas femeninas de todos los municipios.
Selfi aquí con fulano, selfi allá con lesbianita...