Una persona tan inteligente como significativa para mí, decía hace poco que la relación con otros, cualquiera que sea la naturaleza de la relación, es una tarea compleja en la que saber cuál es el equilibrio correcto de todos los factores involucrados en ello es arduo, como por ejemplo señalaba ella: “saber qué decir y cuándo, es difícil; y el que no dice nada, erra tanto como el que en su verborrea insiste”.
Así como el cuándo, saber qué decir y qué no, es algo que tal vez ni después de muertos aprenderemos pues es un proceso inacabable de ensayo y error. Pero cuando no existe la posibilidad de escoger entre hablar y callar, sino que debemos optar por un poco de ambas cosas, resulta más espinoso definir la proporción. Por eso dicen que la diferencia...