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Humberto Montero
Columnista

Humberto Montero

Publicado el 22 de diciembre de 2020

Agua en Wall Street

Uno de los tesoros de la Tierra era hasta ahora un bien desechable. El agua dulce, vital para la supervivencia en nuestro planeta, aún se derrocha allí donde abunda pese a las hambrunas y muerte que deja su escasez. Pero, por fin, los mercados han tomado conciencia del valor de esas dos partículas de hidrógeno batidas con una de oxígeno. El agua cotiza ya en Wall Street. En realidad, lo hacen los contratos de futuros de los derechos de uso de este bien. Como el petróleo o el trigo, los intercambios de grandes suministros de agua estarán regulados en el mercado para impedir las transacciones informales de un bien público. La vara de medir son las cuencas hidrográficas de California. En particular, el índice Nasdaq Veles California Water (NQH2O), que se creó en 2018. Dicho indicador se basa en los precios de los futuros del agua en este sediento estado, que cotiza sobre los 489 dólares (poco más de 400 euros) por acre pie. Es decir, casi medio dólar por metro cúbico, una cantidad desorbitada en comparación con los dos céntimos de euro que pagan los regantes en el fértil valle del Ebro español.

El estreno del agua en Wall Street ha desatado toda clase de rumores y teorías de la conspiración, que apuntan a un estrés hídrico brutal en poco tiempo. Es cierto que el agua dulce es un bien muy escaso. Apenas un 2,5% del agua de la Tierra es dulce y solo un 1% potable. La urbanización constante ha desatado la demanda con un 55% de la Humanidad habitando en ciudades. Esta proporción aumentará hasta un 13% en 2050, según las proyecciones de la ONU, con 2.500 millones de personas más viviendo en metrópolis que ya padecen serios problemas de suministro.
En 2030, dos tercios de la población mundial vivirán en ciudades y la demanda global de agua potable sobrepasará el suministro en un 40%. En algunas megaurbes, el estrés hídrico ya es una realidad. En Ciudad de México, donde no hay reservas de agua y los acuíferos se han agotado, la dependencia del agua “importada” es cada vez mayor. Pese a todo, sus habitantes consumen 366 litros por persona y día, mientras que en España el consumo medio es de 132 litros.

En el alambre se hallan también São Paulo, donde las reservas caen al 15 % en épocas de sequía o las principales urbes de China, país donde se concentra el 20 % de la población mundial y solo dispone del 7 % del agua potable del planeta.

Ante este panorama, cabe preguntarse si la cotización del agua potable en los mercados servirá solo a la especulación. En un planeta donde tres cuartas partes de su ser son agua y disponemos ya de la tecnología para desalarla, parece absurdo que así sea. Quizá este paso nos sirva más bien para darnos cuenta del valor real del auténtico oro líquido. Ese milagro que, en algunos países agraciados, pasa directamente del grifo a nuestro cuerpo sin necesidad de purificadores. Ese tesoro que dejamos correr a litros hasta que sale frío solo para obtener un simple vasito

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