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Alberto Velásquez Martínez
Columnista

Alberto Velásquez Martínez

Publicado el 12 de enero de 2022

Alcalde provocador

La actitud desafiante y mesiánica del alcalde de Medellín es ya insoportable. Nadie sabe si sus ataques son consignas que salen de su propio caletre o si son mandados que les hace a grupos políticos y financieros interesados en desprestigiar a la clase productiva de la región. Pocas se escapan de sus falacias y desafíos. Ni el país político adverso a su ideología, y ahora menos el sector empresarial. El mismo núcleo que compite, que exporta, que genera empleo, bienestar social, estabilidad al ahorrador y al mismo consumidor. Denigra de un sector bastante representativo que ha tenido que combatir para existir, contra toda clase de vicios y taras de la administración pública y contra las adversidades colocadas por gobiernos alcabaleros a través de disposiciones, que, por lo cambiantes y contradictorias, crean inseguridades jurídicas para desestimular la inversión, generadora de trabajo.

El alcalde de Medellín —cuyo nombre no vale la pena recordar, parafraseando a Cervantes— ha perdido la sensatez. Pareciera que también se le está secando el cerebro hasta perder el juicio, no por poco dormir y mucho leer, como le sucedió al Caballero de la Triste Figura, sino por su arrogancia de querer ser un mesías que tomó la dirección de esta ciudad desde el primer día de su creación. Eso de comparar a las cabezas del Grupo Empresarial Antioqueño con las mafias de los carteles del narcotráfico demuestra una ignorancia aberrante de la historia industrial paisa, salida de una mente retorcida y confusa. El presidente Duque, al referirse a esas provocaciones, sin mencionar al autor de marras, expresó que “el matoneo de políticos a la iniciativa privada, a los empresarios, es propio de los métodos fracasados del socialismo siglo XXI”. Y puntualizó: “no a la estigmatización empresarial, ni al odio de clases que ha arruinado a varios países de la región”. Los mismos que le sirven de modelo a quienes están hoy predicando el revanchismo y la lapidación.

Con razón algunas empresas de las afectadas por las injurias del alcalde han anunciado —en un país en donde las investigaciones se mueren en medio del polvo y el olvido— denuncias contra el funcionario agresor. El cúmulo de injurias e imputaciones deshonrosas y la abundancia de falacias es ya repugnante. Ellas pueden conducir a crear pánico económico, expresamente penalizado y sancionados en las leyes colombianas. Y llevar a situaciones difíciles para los propietarios, medianos y pequeños, que son accionistas en las compañías que irresponsablemente agravia un alcalde pendenciero desmesurado en la controversia.

No sabemos a quién le está haciendo mandados el alcalde de Medellín. Si a la compañía que a través de zarpazos quiere irrumpir en la vida económica de la región —lo que no es extraño en un mundo globalizado en donde los capitales productivos y golondrinas se mueven al vaivén de circunstancias propicias para la toma y la especulación— o de algún político experto en picardías y estratagemas populistas, que están arruinando las economías de las naciones vecinas, antes tan prósperas 

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