Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

El victimario tiene biografía, la víctima, epitafio

hace 1 hora
bookmark
  • El victimario tiene biografía, la víctima, epitafio
  • El victimario tiene biografía, la víctima, epitafio

Por Aldo Civico - @acivico

¿Por qué Colombia sigue dándoles protagonismo a los victimarios en lugar de a los héroes que sacrificaron su vida para combatir al narcotráfico y la violencia política? La pregunta se me presentó después de ver en estos días una película y un documental sobre la lucha contra ETA en España. La película es Un fantasma en la batalla, que narra la historia real de una joven agente de la Guardia Civil que se infiltra en ETA para desmantelar desde dentro el sanguinario comando Donosti. Por otro lado, el documental trata del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco en 1997, un joven concejal de Ermua del Partido Popular. El hecho provocó la mayor manifestación contra ETA de la historia y reunió en Bilbao a medio millón de ciudadanos. En aquella oportunidad, la sociedad decidió romper cualquier lazo identitario con quienes promovían todas las formas de lucha. Esta movilización de conciencias se considera el comienzo del fin de ETA.

La película y el documental me recordaron el papel importante que en Italia desempeñaron el cine y la televisión en la construcción de una conciencia cívica contra la violencia política y la mafia. Contaron la historia de Giovanni Falcone, Paolo Borsellino, Peppino Impastato, Carlo Alberto Dalla Chiesa, Aldo Moro, de hombres de las instituciones y de simples ciudadanos que, por extrema coherencia ética, inmolaron sus vidas para contrarrestar el poder de los violentos. Lo mismo ha pasado con España, con películas extraordinarias como Patria o Maixabel. En todas estas producciones, los victimarios están presentes, pero el foco no está en la épica del terrorista o del mafioso, sino en el compromiso cívico, la voluntad de sacrificio, el duelo, la memoria y la difícil reconstrucción de la convivencia.

En Colombia aún no pasa eso. Este país sabe contar muy bien la vida de Pablo Escobar. Conocemos sus casas, sus rutas, sus excesos. De la misma manera, sabemos mucho de los Rodríguez Orejuelas, de los hermanos Castaño o del cártel del Valle del Norte. En cambio, sabemos mucho menos de Luis Carlos Galán, de Guillermo Cano, de Rodrigo Lara Bonilla, de los jueces, policías, periodistas y ciudadanos que pagaron con su vida por enfrentar al narcotráfico. Seguimos dándoles tarimas y abrimos los micrófonos a los victimarios y mucho menos a sus víctimas. No es un dato menor. Las sociedades no solo recuerdan hechos, sino que también deciden quién merece ocupar el centro del relato. En Colombia, buena parte del cine, la televisión y la narrativa mediática ha abordado la violencia desde la perspectiva del victimario. El criminal recibe complejidad psicológica, contexto, motivaciones y humanidad. La víctima, con frecuencia, aparece apenas como consecuencia. El victimario tiene biografía. La víctima tiene epitafio.

En todo eso, la cultura popular no es inocente. De hecho, nos enseña a quién admirar, a quién temer y con quién identificarnos. La pregunta es por qué, después de tantos años, seguimos sabiendo tan poco de quienes tuvieron el valor de enfrentar al narcotráfico y la violencia. Tal vez una parte de la madurez democrática de Colombia dependa de aprender a contar esas vidas.

Sigue leyendo

Te puede Interesar

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD