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Sobre el celular y sus angustias

hace 1 hora
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Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com

Estación Notificación, a la que llegan los que miran cuánto tienen de carga eléctrica en su móvil y miran si cerca hay un enchufe, los que han hecho una llamada, no les han contestado y entonces la repiten dos o tres veces, cada vez más ansiosos; los que han recibido telefonazos con números raros de Rusia (Afganistán, Turquía, Ghana o alguna estafador local), los que se asustan con anuncios extraños de premios o citaciones judiciales, los que no paran de hacer scroll (desplazamientos del dedo sobre la pantalla) para encontrar algo interesante o un espacio en qué caer, los que ingresan en una página pero antes aparece un anuncio publicitario, los que leen algo en la red y de inmediato contestan (por lo común con un insulto, amparados en la anomia), los que buscan un wifi porque los datos se acabaron, los que reciben notificaciones de contratos que todavía no se han cumplido y en los que recuerdan que ya la factura está lista, los que son acosados por toda clase de apps que ofrecen esto y lo otro y la oferta solo dura un día, los que se sienten espiados y buscan qué borrar para romper la vigilancia, los que tienen mapas instalados para localizar a sus parejas y así seguirlas. Y bueno...

Al celular, creado como aparato de comunicación inalámbrica, se le han ido añadiendo cada vez más cosas que, si bien funcionan, lo que llevan es a perder tiempo y crear adicción. A más de lo esencial (un calendario, una calculadora, los datos para hacer llamadas, quizá una cámara y la grabadora) le ha agregado brújulas, juegos, ingresos al correo, cursos de idiomas con complementos para comprar, espacios para libros digitales, almacenamiento de documentos, fotos y videos. IA etc.; sin que falten las canciones y los datos personales entregados a un sinfín de instituciones. Y se dirá: esto convierte al celular en una oficina completa para llevar en el bolsillo. Sí, es cierto, como también es cierto que es un aparato de aislamiento y control social, y un tensionómetro (valga la palabra) que altera el comportamiento de muchos.

De todo lo que sirve un celular, ¿cuánto usamos racionalmente? Quizá un 20%. El 80 restante se va en redes escandalosas, mensajería insulsa, narcisismo mirando selfis y datos que nos nombren, paranoia (temor a ser estafado), sentido de abandono cuando no contestan, inmersión en mundos fantasiosos, temor a lo que enviamos etc. Y lo peor, en ser cada vez más adictos al aparato, que ya opera como una droga fuerte y cuando se pierde o daña, genera un síndrome profundo: la soledad absoluta.

Acotación: en sus funciones básicas (llamar, enviar mensajes serios, atender urgencias) el celular es un gran invento. Pero cuando ya se convierte en un circo, es un distractor severo, algo que afecta la confianza y las funciones del cerebro. Click.

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