Esta ausencia del afuera y de las certezas que lo habitan, esta vida de puertas para adentro, de puestas de sol invisibles, este tiempo de incertidumbres y estos días sin fecha a veces acosan, esta idea del tiempo a la deriva que antecede el cambio me hace pensar que aunque esto algún día termine, su fantasma queda, la cuarentena acabará pero la pandemia y su sutil mecanismo de terror se han instalado en nosotros, estremecen las nuevas fronteras que estamos edificando, la casa es refugio y trinchera, pero a nuestros límites añadimos nuevas talanqueras que resultarán aún peores, el tapabocas corre el riesgo de convertirse en filtro mental que impedirá a muchos relacionarse con los demás, negar al otro parece que será costumbre, nos queda sonreír con los ojos aunque muchos prefieren ni mirarse, hay largas reuniones virtuales que suceden con cientos de pantallas a oscuras, evitamos el contacto visual, anulamos la presencia del resto, los reducimos a voces, dialogamos con fantasmas, los de hoy son tiempos para la introspección, son tiempos para repensarnos y “buscar en los desechos de uno mismo, un secreto temblor que los antiguos llamaban ternura”, escribe el poeta cubano Waldo Leyva.
Dice el filósofo argentino Darío Sztajnszrajber que “aquellos lugares en los que estábamos acostumbrados a vivir desde ese orden normalizado y cotidiano, de algún modo están en crisis. Entonces no entendemos bien la diferencia entre el afuera y el adentro, entre el trabajo y el ocio, no entendemos bien la diferencia, ni hablar, entre el amor y la necesidad. Algo de esas líneas divisorias muy propias de la sociedad normalizada de alguna manera empiezan a perder sus límites ... En ese sentido hay algo de ese tiempo productivo que está detenido y que entonces nos genera dos opciones: o nos entregamos a otra versión del tiempo con lo que de angustia, incertidumbre, pero también de oportunidad esto trae, o uno se resiste a esta idea y lo que hace es querer volver productiva la vida en cuarentena como inoculando esa productividad propia del sistema en un paréntesis que realmente nos permitiría movernos en otra dimensión. Dadas las resistencias que la situación suscita, muchas veces uno sigue poniéndose el despertador cuando no lo necesita, sigue comiendo en los horarios consabidos cuando el cotidiano cambió totalmente de esquema y sobre todo quiere hacer de su paso por el confinamiento un acontecimiento productivo, cuando me parece que lo más interesante de lo que sucede es que se pone en jaque la idea de productividad”.
Seguramente este momento hará que muden las expectativas de nuestro cotidiano, hemos fortalecido o deshecho lazos, convocado o alejado, hemos transformado hábitos y modificado costumbres, esta sociedad perversa ha priorizado vidas según edades o capacidades y ha tratado de desechar a los mayores como si fuesen maquinaria en desuso, mientras esto sucede, parecemos ignorar que afuera los grupos ilegales siguen reclutando niños para el fértil negocio de la guerra y los líderes y lideresas sociales no paran de caer como si se tratase de árboles talados, nuestro propósito debería ser avanzar aunque sea unos pocos pasos hacia adelante, lograr alterar esa anormalidad existente que padecíamos antes y que llamábamos mundo.