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Confianza y compañía

Queremos medios que no solo nos alerten, sino que nos ayuden a entender.

hace 2 horas
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  • Confianza y compañía

Por Amalia Londoño Duque - amalulduque@gmail.com

Me ha impactado el cambio en la radio. La fusión de dos emisoras y la desaparición de una de las marcas de radio que más escuchaba, marcaron un nuevo comienzo este año para los medios de comunicación.

Mi abuelo, que caminaba con el radio en la mano como si fuera un teléfono y mi tío, que le escribía mails a los conductores del programa de la mañana para contarles pesares como si fueran amigos, encontraban compañía en los medios. La información se recibía desde la confianza, mediada por una voz familiar que acompañaba la rutina diaria. Algo similar ocurre con el periódico, especialmente para quienes aún lo leemos en formato físico: no buscamos solo noticias, sino contexto, una escena, un momento del día para ese ritual de lectura.

Hoy, en cambio, muchas de las cortinillas que suenan en radio y televisión están diseñadas para generar sensación de alarma instantánea, son melodías creadas para recuperar la atención del oyente o televidente, para interrumpir lo que estaba haciendo y advertirle que algo importante está ocurriendo. Durante años funcionaron, pero después de la pandemia y en medio de un mundo tan acelerado, cuando suena esa música intrigante que anuncia que “algo está pasando”, muchos de nosotros decidimos no mirar y no porque no nos importe lo que ocurre, sino porque el cuerpo y la mente están fatigados.

Abrimos el celular y el mundo se presenta como una lista infinita de alertas que compiten entre sí: una tragedia desplazada por un escándalo, un análisis serio enterrado bajo una opinión furiosa, un hecho importante reducido a un titular que dura lo mismo que una historia de Instagram. Todo llega con el mismo volumen, sin jerarquía ni contexto, y esa urgencia termina teniendo un efecto perverso: aplana la realidad.

Cuando todo es presentado como igual de grave, lo importante pierde profundidad; cuando todo es “última hora”, nada permanece. La información deja de ayudarnos a comprender el mundo y empieza a producir una sensación constante de sobresalto. No queremos vivir así.

Creo que la mayoría de nosotros queremos medios que no solo nos alerten, sino que nos ayuden a entender, voces que no nos empujen a reaccionar, sino que nos permitan pensar.

En los últimos años, distintos periodistas y ensayistas han advertido sobre esta fatiga informativa: audiencias saturadas de estímulos, exhaustas de opinión, desconfiadas del ruido permanente.

El Digital News Report 2025 del Reuters Institute confirma lo que muchos ya perciben: la confianza global en las noticias sigue siendo baja, con cifras que rondan el 40 % en numerosos países, al tiempo que disminuyen el compromiso de las audiencias y las suscripciones digitales. En Colombia, el Barómetro de la Confianza muestra un panorama similar: para 2025 —con mediciones realizadas en 2024— la confianza en los medios se ubicaba alrededor del 44 %. No son solo números. Son señales de una relación que se ha debilitado.

En este momento de cambio para los medios de comunicación, hay dos palabras que aparecen una y otra vez: confianza y compañía. Juntas forman una radiografía precisa de una época en la que nos sentimos más solos, más expuestos y, al mismo tiempo, más desconfiados frente a todo. Tal vez por eso la demanda no es únicamente por información más rápida o más abundante, sino por algo más elemental y más difícil de sostener: una voz que acompañe, que explique, que no grite.

Si hubiera que resumirlo en una sola petición, no sería velocidad ni primicia. Sería humanidad.

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