Por MARÍA LOURDES PALLAIS
Hace ya casi dos décadas que inició el siglo XXI y Daniel Ortega parece no haberse enterado. Sobran los rumores sobre que el presidente nicaragüense está enfermo (lupus, aseguran algunos), pero todo indica que si sufre de algo es de amnesia. Y quizás también de nostalgia selectiva. En su más reciente período como jefe de Estado, Ortega había logrado convivir, como la Cuba posFidel, en una suerte de dualidad cómoda de la mano del capitalismo global. Pero los disturbios del pasado abril lo sacaron de ese equilibrio para convertirlo en un presidente enfrentado a buena parte de aquel pueblo que él luchó por liberar de una dictadura, solo para atraparlo en otra.
Y ahora Nicaragua tiene a un cerrado y enojado presidente comandante...