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Carmen Elena Villa Betancourt
Columnista

Carmen Elena Villa Betancourt

Publicado el 05 de octubre de 2021

Andamos justos de genios

Cantos entonados por una voz femenina aguda, acompañada por un piano o mezclas de sintetizador. Cantos dedicados a temas como el desamor, el aire, el pasado, un cementerio, la pelea de dos hombres por una mujer o el colarse en una fiesta...

El lector que esté familiarizado habrá reconocido que estoy escribiendo sobre Mecano, agrupación española que este año cumple 40 años de haber iniciado (1981), que tuvo un breve receso en 1992 y regresó en 1998 para disolverse ese año por un conflicto entre sus integrantes. Compuesto por Ana Torroja y los hermanos José María y Nacho Cano.

El disco “Descanso Dominical”, lanzado en 1988 marcó un hito en mis gustos musicales. Y dentro de los temas hubo uno que sentí como una inyección de sensibilidad artística. Me cautivó su letra poética, el piano y el sello un tanto fúnebres del principio que son interrumpidos por un redoble de batería seguido de un juego de voces electrónicas. Algo que la hace entrar en cierta solemnidad.

La canción es Eungenio Salvador Dalí (Sí, Eungenio y no Eugenio, porque José María, su autor, juega con la palabra “genio”) “Y a todas estas ¿quién es Dalí?”, me pregunté con mis escasos 12 años. Como Google aún no existía, decidí investigar en los libros. Encontré uno llamado “Dalí, todo en un Rostro”. Empecé a leer y a contemplar sus láminas y a aprender del pintor de los relojes que se derriten, de los elefantes sostenidos por patas largas y flacas y de las mariposas gigantes aglomeradas dentro de un velero.

Las letras de José María Cano son así, le canta (además del amor y el despecho) a temas inusuales: la decepción al viajar a Nueva York, una leyenda que explica las fases de la luna, la lucha por un trabajo y un salario justo, los héroes de la Antártida o el Dalai Lama. Y esto fue lo que hizo único a Mecano (tan único como a Dalí).

Me entristece que por una pelea entre sus integrantes los melómanos nos hayamos privado de escuchar nuevas canciones de este trío (y aprendiendo con ellas), y que tan pronto se hayan convertido en “tres polillas”, como lo describe José María en la canción “El uno, el dos y el tres” (1991), la cual habla del eventual final del grupo (¿habría pensado en su pronta disolución cuando la compuso?) “Lo que sube habrá de descender y aunque mientras la escalada no es cuestión de mirarse a los pies no sé yo si esta cordada ha pensado en la bajada”, dice el canto.

Ana ha seguido cantando como solista. Nacho y José María han tocado de manera esporádica con alguno que otro artista. Hoy José María está dedicado a la pintura (¿inspirado acaso en Dalí?). Los hermanos Cano y Ana se encuentran ya en sus 60 años. Después de cuatro décadas de que sus voces hayan inspirado a tantos, puedo decir que no encuentro en la actualidad un grupo ni un cantante que se les iguale y que en materia musical “andamos justos de genios”, como dice la canción dedicada a Dalí. Y aunque quizás les queden años de vida hoy quisiera cantarle a cada uno de ellos: Si te reencarnas en cosa hazlo en disco o en casete.

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