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Por Andrés Restrepo Gil - restrepoandres20@hotmail.com

Galardones del odio

Considerar a Trump como merecedor de estos premios (el de Paz) denota que hemos trastocado el orden de nuestro sentido común.

07 de enero de 2026
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  • Galardones del odio

Por Andrés Restrepo Gil - restrepoandres20@hotmail.com

Casi un año antes de morir, Alfred Nobel firmó el testamento que dio origen a los mundialmente conocidos Premios Nobel. Salvo por una particularidad, su testamento contenía lo que cualquier documento de este tipo debía contener: las disposiciones finales con respecto a cómo debía dividirse su riqueza. Fraccionándola en coronas, florines, dólares y francos, Nobel dejó establecido cómo se repartiría su fortuna entre sobrinos y conocidos. Con parte de su fortuna ya asignada, el científico sueco decidió que el dinero que restaba, una cifra no insignificante, se pagaría bajo la forma de una recompensa.

Nobel declara en estos pasajes que el resto de su riqueza debe ir a un fondo de inversión, cuyos intereses serán ofrecidos en forma de premios a cinco personas, cada año: a quienes, en física, medicina y química, hayan hecho el más importante descubrimiento. Será premiado también quien haya producido la obra literaria más destacada. El quinto galardón será ofrecido, por voluntad de Nobel, a “la persona que haya hecho más o mejor por promover la camaradería entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos permanentes y el establecimiento y la promoción de congresos de paz.”

Desde entonces, el Nobel de Paz se ha otorgado en 106 ocasiones. Para el 2025, según el Comité Noruego, el galardón lo merecía María Corina Machado, líder venezolana y principal opositora del régimen de Nicolás Maduro y de su dictadura. Según el dictamen, Machado merecía el Nobel de Paz por haber unido a la oposición venezolana, por confrontar la militarización del país y por sus esfuerzos para lograr una transición pacífica a la democracia. Tan fugaz como la noticia, fue la respuesta de la galardonada: dedicaba este mérito al pueblo de Venezuela y al presidente de EE. UU., Donald Trump.

Que Machado haya dedicado el mayor galardón global de paz a Trump empaña, en gran medida, los méritos que la hicieron merecedora del premio. La valentía para hacer resistencia a Nicolás Maduro se opaca con la adulación que le ofrece a Donald Trump. Incoherente y nefasta, hay una incongruencia en recibir un Nobel de paz y, casi simultáneamente, dedicárselo a un hombre que ha promovido la apropiación de territorios ajenos, como Groenlandia; la multiplicación de los ejércitos, mediante el aumento del gasto militar para la OTAN y quien, con sus redundantes discursos sobre la migración, alienta el odio contra ciertas comunidades, como haitianas, somalíes o afganas. El odio que desprende Trump se aleja radicalmente de cualquier intención genuina de paz.

Este ofrecimiento y dedicación nos recuerda que también Milei, el presidente argentino, propuso a Trump como candidato al premio Nobel y la FIFA se inventó, durante el 2025, unos Premios de la Paz, cuyo primer galardonado fue precisamente Donald Trump. Considerar a Trump como merecedor de estos premios o, si quiera como un candidato potencial, denota que hemos trastocado el orden de nuestro sentido común y estamos dando vueltas sobre un delirio de contradicciones, premiando en nombre de la paz y la unión, a aquellos que promueve el resentimiento, el odio y la guerra.

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