Qué desgracia tan infinita la herencia del narcotráfico. Millares de personas han acabado su vida por el consumo y sociedades enteras han sucumbido ante la ilusión del poder y el disfrute con los millones de dólares que genera el negocio. Un negocio que ha convencido a miles de que es la mejor manera de adquirir lo que promociona la telepantalla como fin último de la vida: dinero para comprar y consumir.
La oferta de un consumo desbocado, ofrecido por un capitalismo salvaje y publicitado hasta la saciedad por Hollywood y sus escuelas, inicialmente exacerbó los deseos insatisfechos de una clase pobre, cansada de las pocas oportunidades de un sistema negador de futuro, que impedía alcanzar tan tentadora oferta. Esa mezcla preparó, con deseos insatisfechos...