El rabino de Khelm en gira con sus estudiantes del Talmud, pasaron la noche en la posada de un pequeño pueblo.
Uno de los estudiantes le pidió al posadero que lo despertara temprano, pues, al día siguiente tenía que abordar el primer tren. El posadero lo llamó a las cuatro de la mañana y el estudiante para no despertar al rabino, no encendió la luz y buscó sus ropas en la oscuridad. Con la prisa y la falta de luz se puso la túnica del rabino que era más larga. Al llegar a la estación, su subió al tren y al mirar un gran espejo a la entrada del vagón, exclamó airado al ver lo que vio:
--¡Qué imbécil ese posadero! En lugar de despertarme a mí, despertó al rabino.
Esta semana tuvimos una mala noticia. La Aeronáutica Civil montó en Secop, Portal Único...