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Juan David Ramírez Correa
Columnista

Juan David Ramírez Correa

Publicado el 11 de agosto de 2020

Anular a la Virgen

Se nos va la mano y hasta a la Virgen de Chiquinquirá la metemos en el juego absurdo de la falta de proporciones. En nuestra tierra, tenemos hasta jueces que dedican tiempo a ordenar que el presidente de la República no exprese muto proprio su vocación por una figura como la Virgen de Chinquinquirá, que, por demás, es la patrona del país (sí, patrona, uno de esos tantos títulos nobiliarios que se entregan en las tierras macondianas), pues cuando lo hace puede estar violando los Derechos Humanos y de la libertad de culto de los colombianos.

Que nos están adoctrinando, que ahí están pintados los de derecha induciendo a la gente a idolatrar a la Virgen para que nos salve del coronovirus. ¡Abajo el tejo y que viva el nuevo deporte nacional: ver piedras debajo de las piedras! Se nos va la mano viendo fantasmas.

Sí, somos un Estado laico. No se puede negar. Es una condición que prima por encima de cualquier comentario religioso que haga este gobierno, pero también, la condición de ciudadano permite ejercer el derecho a expresar la fe, sin importar si lo dice un presidente o persona del común. Hombre, no se nos puede olvidar que en nuestro país las figuras religiosas se usan como actos de fe para todo. Recuerdo que por allá en 1991, cuando se promulgó la Constitución Política Nacional, esa misma que abría la puerta al laicisimo y la libertad de culto, se promulgó con la biblia en la mano y se invocó a Dios para que ayudara al pueblo a cumplirla. También recuerdo que frases como “Ay, Dios”, “Que mi Dios se lo pague” o “que la Virgen lo acompañe”, hacen parte del pan de cada día en esta tierra.

En Colombia el tema está superado: Estado laico, libertad de culto. Está claro que la razón pública se impuso en aras de la democracia desde 1991, sobreponiéndola ante cualquier criterio moralista y religioso. Tristemente nos encanta que llueva sobre mojado. Pero cosas de estas pasan cuando la meta es ser más papistas que el papa (¿será que esa frase también queda prohibida con todo este rollo?).

No es momento para desgastarnos si el Presidente puede o no hablar sobre la Virgen. Tampoco creo que el gobierno tenga un plan perverso para hacer de la religión una herramienta política que adoctrine al pueblo. Esto no puede ser un problema de agenda nacional, pues tenemos preocupaciones mayores como, por ejemplo, concentrar esfuerzos en que la gente se cuide y no dé papaya ante un virus que mata y por ahí derecho salvar la economía. Si no lo hacemos, no habrá santo, deidad, fuerza superior esotérica, pagana, mística o lo que sea, a la cual podamos aferrarnos desde la fe y mucho menos nos salvará la visión pragmática de un ateo o un agnóstico.

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