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Los Estados Unidos no reconocen a Taiwán como país soberano independiente, pero Donald Trump tiene una cuota de innegable responsabilidad en la provocación a China de los días pasados.
Por Beatriz de Majo - beatrizdemajo@gmail.com
En un discurso lleno de exageraciones en cuanto a la fortaleza económica interna, Xi Jinping le dio entrada al año 2026. Para el mandatario chino, 2025 fue un año más en la escalada de eficiencia económica emprendida por su gobierno. La nota más destacable de esta alocución para los observadores externos tuvo que ver con paz y cooperación internacional, un asunto que el timonel chino aseguró ser el norte de la gran potencia.
Para Xi “la reunificación de nuestra patria, una tendencia de estos tiempos, es imparable”. No vaciló en asegurar que sus tropas continuarán entrenándose para “frustrar intentos de los separatistas de la ‘Independencia de Taiwán’ y la intervención externa”. Todo ello fue declarado ante el mundo luego de dos días de intensos ejercicios militares alrededor de Taiwán.
El país insular que Pekín reclama como propio se encuentra aislado diplomáticamente del resto del mundo. Dispone de gobierno, de fuerzas armadas y de moneda, pero su principal activo es la irrestricta solidaridad de EE. UU. quien es su principal proveedor de seguridad. Ello fue el real detonante de las prácticas militares con las que China decidió mostrar sus colmillos a los taiwaneses y al mundo antes de la Navidad. Las prácticas militares fueron novedosas al revestir la forma de un simulacro de bloqueo y de ataques armados contra objetivos marítimos taiwaneses.
Pocos días antes, desde la capital estadounidense, las autoridades anunciaron una venta de armas a Taipei que supera en monto a la totalidad de venta de armas de la administración Biden a la isla. Washington informó de una operación por US$11.000 millones, además de otras medidas de sostén militar al régimen en ocho contratos de que superan, desde la época George W Bush, cualquier otro esfuerzo cooperativista de la primera potencia con la antigua Formosa. De ello hace más de un cuarto de siglo.
El componente y la naturaleza de las armas está adecuado a las necesidades. Ha sido diseñado por los expertos americanos para que Taipei sea capaz de resistir una embestida china, un tema de continua diatriba, que frecuentemente Pekín coloca sobre el tapete. Los Estados Unidos no reconocen a Taiwán como país soberano independiente, pero Donald Trump tiene una cuota de innegable responsabilidad en la provocación a China. Al dotar de armamento al gobierno de Taiwán, el equipo de Trump lleva a su país a hacerse parte del conflicto. El tema será tratado en el congreso estadounidense con buenos chances de que la respuesta sea positiva.
El presidente Xi Jinping es cuidadoso en un tema en el que Trump tiene captada la atención del mundo positivamente en asuntos atinentes a la paz global: Ucrania, Medio Oriente, Venezuela, Irán. Xi ha utilizado el comienzo del nuevo año, en el que el mundo está atento a las políticas de los grandes actores, para transmitir un posicionamiento inequívoco. Asegura que las tropas continuarán entrenándose para “frustrar resueltamente intentos de separatistas de la ‘Independencia de Taiwán’ y la intervención externa”.
La realidad es que quien tiene la sartén por el mango es Trump. Taiwán cuenta con su industria de defensa, pero sus fuerzas se verían superadas en un conflicto con China. Por ello, la isla depende de las armas estadounidenses. Trump se labra un puesto también en este tablero.