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El poder de elegir sin miedo

El 8 de marzo no se trata de un color ni de un nombre. Se trata de recuperar la confianza en que nuestra voz importa.

hace 2 horas
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  • El poder de elegir sin miedo

Por Caty Rengifo Botero - JuntasSomosMasMed@gmail.com

Hay momentos en la vida de un país que no se pueden aplazar, en donde las voces deben ser oídas. En los que cada ciudadano tiene en sus manos una decisión que no solo expresa una preferencia, sino un rumbo. El 8 de marzo es uno de esos días.

Durante años hemos sentido cómo la política se volvió un campo de batalla que poco tiene que ver con nuestra vida real. La conversación pública se llenó de rabias, etiquetas y extremos que hablan más fuerte que quienes quieren soluciones sensatas. La polarización inunda los espacios y las consecuencias son nefastas para el país, se mina la confianza y con ello la credibilidad de las instituciones queda desecha.

Una de las consecuencias de esa reducción en la confianza es que muchos terminen votando no por convicción, sino para evitar “el mal menor”. Otros, cansados, prefieren no votar. Y ahí es donde perdemos todos: cuando dejamos que otros decidan.

Este año tenemos una oportunidad distinta. Una oportunidad para recuperar el poder de elegir sin miedo.

En estas elecciones al Senado, a la Cámara de Representantes y en la consulta interpartidista, lo que está en juego no es solo quién gana, sino cómo queremos decidir el rumbo del país. La consulta abierta del 8 de marzo es un mecanismo que, más allá de simpatías personales, permite que la ciudadanía ordene el camino. Que sea la gente —no los extremos, no los cálculos, no las redes sociales— quien determine qué liderazgo llega con legitimidad y respaldo real.

Y eso sí importa. Porque cuando decidimos a tiempo, evitamos improvisaciones. Importa porque la unidad no nace de discursos vacíos, sino de reglas claras que todos podemos ver. La abstención no es neutral: termina fortaleciendo a los ruidosos y aleja a quienes quieren construir desde el centro, con sensatez.

Creemos que nuestro voto es una gota en un océano. Pero un país se mueve por esas pequeñas decisiones individuales que generan grandes cambios. La democracia se sostiene cuando participamos, cuando hacemos pedagogía, cuando conversamos sin miedo, cuando invitamos a otros a entender y a elegir.

El 8 de marzo no se trata de un color ni de un nombre. Se trata de recuperar la confianza en que nuestra voz importa. De entender que votar no es un acto rutinario, sino un gesto de responsabilidad con nosotros mismos, con nuestras familias y las generaciones que vienen detrás.

Colombia está cansada de pelear. Pero también está lista para decidir. Por eso, la invitación es sencilla y, al mismo tiempo, trascendental: salir a votar. Pedir el tarjetón que queremos. Elegir al Senado, a la Cámara y participar en la consulta abierta. Marcar el tarjetón con la certeza de que, cuando votamos, dejamos de ser espectadores para convertirnos en protagonistas de nuestro destino.

Este 8 de marzo, hagamos que la democracia vuelva a ser un acto de esperanza — no de miedo—. Antioquia siempre ha sido una región que se mueve, que participa, que cree. Hoy, más que nunca, necesitamos que esa convicción se sienta fuerte. Cuando votamos, el país nos escucha. Y cuando millones decidimos con serenidad y a tiempo, Colombia cambia.

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