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Diego Aristizábal
Columnista

Diego Aristizábal

Publicado el 16 de mayo de 2019

Celebrar las bibliotecas

Yo hice el pregrado en una universidad privada donde muchos de mis compañeros no conocían ni les interesaba el centro; algunos, incluso, jamás habían montado en bus, los recogían en carros ostentosos y de ahí se iban para sus casas. Yo, fiel usuario del transporte público, desde que entré a esa universidad, me prometí a mí mismo que iría mínimo una vez por semana al centro para que no se me pegara la comodidad que da el estar en lugares donde casi todo está resuelto. Al principio, no tenía rutina, me metía por cualquier calle, me tomaba una cerveza por la Veracruz o por Cundinamarca, cruzaba Boyacá o el pasaje La Bastilla, compraba los libros que podía, miraba la gente, los rostros, el afán, la miseria, el encanto del caos. Luego, empecé a incluir en mis rutinas improvisadas un lugar repleto de tranquilidad y buenas lecturas: la biblioteca de Comfenalco de La Playa, Héctor González Mejía.

Allí, yo encontraba los libros que no podía comprar en las librerías. Me parecía asombroso que casi siempre encontraba las novedades, y si por alguna razón el libro que buscaba no había sido ingresado al sistema, pues sencillamente subía a Procesos Técnicos y muy amablemente alguien ingresaba el libro que yo quería y me lo estrenaba en casa. Yo estrené de esa biblioteca muchos libros y eso me llevó a querer ir al centro muchas más veces. Al centro también se llega por los libros, por la curiosidad, porque si uno deja de ir a ese lugar encantador vive en una ciudad incompleta.

Mañana 17 de mayo se cumplen 40 años de la apertura de esa biblioteca que para mí fue una puerta maravillosa a la lectura, al cine, a charlas interesantísimas, a exposiciones muy bellas. Todavía puedo escuchar la voz de Aurita López leyendo algún libro con su cadencia preciosa y me dan ganas de leer otra vez, por ejemplo, a Hans Christian Andersen.

Que esta biblioteca querida cumpla 40 años, hay que celebrarlo; a raíz de ella, y teniendo en cuenta proyectos europeos de bibliotecas en las periferias, Comfenalco empezó a abrir, poco a poco, otros espacios en la ciudad donde antes era difícil acceder a la educación, la cultura y la lectura. Las bibliotecas de Comfenalco y de nuestra ciudad han salvado la vida de muchas personas, la biblioteca Centro Occidental, en la Comuna 13, es muestra de ello. En medio de las balas y la desolación ocasionada por la operación Orión, la biblioteca fue la cuna de esperanza de niños y jóvenes que escucharon en los libros otros mundos posibles, y ahora muchos de ellos son músicos, escritores, políticos.

Las bibliotecas de nuestra ciudad han demostrado que son necesarias. Cada mes deberíamos abrir una nueva como se abren pequeños supermercados, tiendas de ropa o panaderías; después de todo, los libros quitan un hambre que es muy dañina para la existencia: la incapacidad de soñar.

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