Hace cien años, casi exactos, el gran pensador alemán Max Weber (1864-1920) examinó la situación de la política de su tiempo en una conferencia titulada “La política como vocación”. Entre otras cosas, Weber hizo allí el contraste entre la democracia de camarillas y la de caudillos. Para él, la democracia de camarillas consiste en la rutina burocrática y la dominación de los políticos profesionales, por tanto, de notables. En la democracia caudillista -una de cuyas expresiones es el populismo- los seguidores de los partidos se convierten en proletarios, gentes que “han de obedecer ciegamente” y no pueden ufanarse de “tener opinión propia”, porque la vanidad y la opinión son exclusivas del jefe.
El domingo pasado vencieron en Colombia los caudillos...