Contaba mi madre, con un dejo de orgullo en su voz, que en los años cincuenta del siglo pasado había trabajado como secretaria en la fábrica de gaseosas Giraldo Henao en su natal Ciudad Bolívar. La vanidad no era por ella, precisamente, sino porque en ese último puntico que se ve en el costado suroccidental del mapa de Antioquia, había fábricas. En plural.
Gaseosas Giraldo Henao, con sus productos estrella Fruticola y Kolasuave, que distribuía para todo el Suroeste, no era la única empresa en el pueblo. También había fábrica de chocolate, de tabaco, de cigarros y varias de jabones. La de don Ángel Agudelo producía jabones de barra “especializados para lavar la ropa” y en Frutalmíbar hacían jarabes de fruta para los jugos.
Pero, como suele suceder,...