<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
x
language COL arrow_drop_down

Colombianadas

Necesitamos con urgencia que cada ciudadano comprenda el papel que cumple en una sociedad, no podemos estar esperando que nos regulen todo el tiempo.

19 de enero de 2024
bookmark
  • Colombianadas
  • Colombianadas

Por Diego Aristizábal Múnera - desdeelcuarto@gmail.com

Una mujer intenta ingresar a una estación del Transmilenio por debajo de las puertas de vidrio de piso a techo, pero estas se cierran y aprisionan sus nalgas, la pobre no puede cumplir el objetivo de ingresar sin pagar a este sistema de transporte. Yo, que no suelo ver ese tipo de videos que se hacen virales, observo con estupor lo sucedido y siento tres cosas: una vergüenza profunda por ella, un fresquito porque hubo justicia mecánica y compasión de quien, atrapada, apenas puede mover sus piernas como un bebé boca abajo en una cama antes de aprender a gatear. La mujer, por momentos se rinde y por momentos hace todo su esfuerzo por liberarse, pero no lo logra. Personal de Transmilenio debe ayudarla.

¿Qué pensaría esta mujer en semejante situación? ¿Lo habrá hecho antes? ¿Quién será? ¿Cómo vivirá? Las preguntas me desbordan, me dan rabia y tristeza, la situación me genera el mismo sinsabor que cuando veo, cada vez más, a motociclistas imprudentes pasarse el semáforo en rojo sin ningún escrúpulo, ¿por qué lo hacen? ¿Son daltónicos? ¿Por qué son incapaces de respetar unos códigos mínimos de convivencia?

Necesitamos con urgencia que cada ciudadano comprenda el papel que cumple en una sociedad, no podemos estar esperando que nos regulen todo el tiempo, que nos impongan comparendos, que las cosas nos cuesten para obedecer y cumplir las normas. Si fuéramos conscientes de que por las “vivezas” de unos pagamos todos, incluso los mismos vivos, no haríamos este tipo de cosas y funcionaríamos mejor. Superemos la idea de que si algo no sirve como quisiéramos, lo mejor es destruirlo con nuestro comportamiento; si seguimos así, terminaremos habitando ciudades cada vez más arruinadas, escépticas y sin cambios reales en poco tiempo.

A veces pensamos que las ciudades solo funcionan por los gobernantes de turno, grave error, una ciudad funciona cuando todos ponemos, cuando nos cuidamos unos a otros, cuando pagamos impuestos, cuando esos impuestos pagados se ven en el respeto por los mismos ciudadanos. A nadie le gusta que le roben en la casa, una ciudad es nuestra casa, si le robamos un centavo a ella, nos estamos robando a nosotros mismos y eso es carísimo. Construyamos procesos ciudadanos, no nos desanimemos por aquellos que se roban nuestros recursos, insistamos en que sean sancionados desde lo social, desde nuestra memoria y desde la justicia. Siempre será posible pensar que desde estos jóvenes territorios, algún día alcanzaremos la madurez para que no nos tengan que estar vigilando todo el tiempo. Nunca serán suficientes las cámaras y los entes de control, lo mejor será siempre la confianza, el respeto por el otro. Cuando yo intento ingresar a un lugar sin pagar, mientras los demás ingresan pagando, me estoy burlando del otro, claro, pero en realidad estoy dejando en evidencia lo ruin que soy. Cuidar lo mucho o poco que tenemos es muy fácil, solo basta con entender la dicha que es construir juntos. Y si nos equivocamos, como esta pobre señora del Transmilenio, que aprendamos de los errores. Las vergüenzas, a veces, sirven para cambiar la consciencia.

Sigue leyendo

Te puede Interesar

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD