Afortunado y preciso el discurso de posesión del presidente Iván Duque. No solo recordó, sin apasionamientos y enconos, la dura herencia que recibía de su antecesor, sino que le notificó al país que sobre esas frustraciones quería levantar una nueva nación, incluyente y generosa con el coraje que le trasmite su condición de hombre joven, moderno y sin resentimientos.
No hizo anuncios destemplados ni desafiantes. Disipó el temor que había, acunado por extremistas de la derecha, de “hacer trizas los acuerdos de paz”. Pero sí notificó que en lo sucesivo, ni el narcotráfico, ni el secuestro –armas preferidas de la subversión– serán considerados crímenes conexos con el delito político. El país esperaba ansioso esta notificación, que busca ponerles...