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Francisco de Roux
Columnista

Francisco de Roux

Publicado el 05 de febrero de 2017

Cosas de Dios

La diferencia entre las cosas de Dios y las cosas de los hombres y mujeres, es que las cosas de Dios son absolutamente gratuitas y las nuestras no. Dios es un misterio de amor que lo da todo y se entrega el mismo sin esperar nada a cambio. Nosotros, aún en nuestros esfuerzos más nobles, buscamos el apoyo de los demás.

Los valores morales son ideales éticos que nos ponen en el horizonte de las cosas de Dios, independientemente de si somos o no creyentes. Son utopías en la perspectiva de la gratuidad total. Por definición no los conseguimos si pretendemos ser recompensados en dinero, poder, fama, consuelo o reconocimiento de los otros.

La verdad, cuando es valor moral, la decimos aunque perdamos a los amigos o nada nos paguen por decirla. El amor, como valor moral, lo damos aunque no tengamos respuesta afectiva ni efectiva. La justicia, como valor, la practicamos aunque nos maten.

Tal es la paz como valor moral: Tranquilidad en el orden del amor, cuando nos respetamos, nos reconocemos como iguales, nos incluimos, nos perdonamos, construimos juntos en la diferencia. Es la bienaventuranza del Evangelio de un Dios desarmado, que siendo culpables nos hace inocentes por la entrega de Jesús hasta la muerte como respuesta a las dimensiones incompresibles y destructivas de nuestra historia personal y social. Esta paz es pura gratuidad.

Ahora la paz, valor moral, es responsabilidad de quienes tienen en la sociedad un liderazgo espiritual, desde la iglesia, las cátedras, la cultura o la formación de opinión. Si este liderazgo espiritual desde lo gratuito no se da, queda un inmenso vacío ético que nadie más puede llenar, y una herida mortal en el corazón de la sociedad.

Porque el vacío del valor gratuito es llenado por los políticos. Y en política no hay nada gratis. En política todo lo que uno gana el opositor lo pierde, y por eso no se le permite al adversario ganar una sola. El triunfo del uno sobre el otro en la política es exactamente lo contrario de la paz en la que todos y todas ganan.

El drama hoy en Antioquia y en Colombia es que el campo de la paz, ante la ausencia de un liderazgo ético maestro de la gratuidad, lo ocuparon los políticos. Lo que quedó es una paz que no tiene gratuidad, que ya no es valor moral, que ya no es de Dios. Es del Cesar, es campaña política.

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