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Por David Echeverri - opinion@elcolombiano.com.co

Carta al próximo presidente

hace 1 hora
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  • Carta al próximo presidente

Por David Echeverri - opinion@elcolombiano.com.co

Hace poco un colaborador me mostró cuántas horas de su semana se iban en trámites, entre certificados, renovaciones, formularios y requerimientos. Horas que no estaba dedicando a nuestros clientes ni a mejorar el producto, sino a mantener viva la empresa frente al papeleo. No es un caso aislado. Es la rutina silenciosa de miles de compañías colombianas.

El problema no es que Colombia no tenga emprendedores. El problema es que muchas veces los obliga a gastar demasiada energía sobreviviendo al sistema en vez de compitiendo en el mercado. Lo digo desde la experiencia de haber construido empresa en este país. Talento hay, ganas aún más, y problemas por resolver sobran. Lo que falta es un entorno que no castigue tan temprano al que apenas arranca.

El próximo gobierno debería empezar por una idea sencilla. Si una empresa joven está creando empleo, tecnología, exportaciones o productividad, el Estado no debería tratarla igual que a una compañía madura, con décadas de caja y equipos completos para cumplir trámites. Necesitamos reglas automáticas, menos formularios y menos fricción para quienes ya muestran tracción y están tratando de crecer.

También necesitamos hablar de contratación sin tanto tabú. El mercado laboral cambió y hoy hay trabajo remoto, flexible, por proyectos, por horas y desde regiones con costos de vida distintos. Reconocer eso no significa quitar derechos, sino crear caminos reales hacia la formalidad. Cuando la única opción formal es demasiado rígida, muchas empresas no contratan y muchas personas terminan por fuera del sistema. Pero hay un punto donde el rezago es más grave, el capital. Una economía emprendedora no crece solo porque nazcan empresas, crece cuando el capital circula. Israel llegó a invertir en capital de riesgo niveles cercanos al 2% de su PIB en sus mejores años, y Colombia está a años luz de esa escala. No es que nos falte talento, es que casi no tenemos cómo financiarlo.

Cambiar eso exige varias cosas. Podríamos mirar modelos como Estonia, donde las utilidades que se quedan dentro de la empresa no se gravan igual que las que se reparten. Si un empresario reinvierte para crecer, el Estado debería premiar que esa plata siga trabajando en el país. También deberíamos abrir una ventana pequeña y profesional para que parte del ahorro de largo plazo, como los fondos de pensiones, pueda invertirse en fondos de alto crecimiento, con reglas fiduciarias estrictas y administradores expertos, tomando el ejemplo de USA.

Además, hacen falta beneficios fiscales que incentiven fusiones y adquisiciones. Cuando comprar y vender empresas cuesta demasiado en impuestos, el capital se queda quieto. Un buen exit crea liquidez, forma nuevos inversionistas y devuelve experiencia al ecosistema.

Hay algo que casi no discutimos. Simplificar stock options para que el talento que ayuda a crear valor pueda participar de él. La riqueza empresarial no debería quedarse solo en los fundadores. Presidente, emprender en Colombia no debería depender tanto de la resistencia de quien emprende. Debería depender de reglas que permitan crear, contratar, reinvertir, vender y compartir valor con menos fricción. El país que necesitamos no se construye solo con más empresas naciendo. Se construye cuando el éxito de una empresa ayuda a financiar la siguiente.

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