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Un presidente aburrido

hace 14 horas
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  • Un presidente aburrido

Por David González Escobar - davidgonzalezescobar@gmail.com

Esta semana terminé The Accidental President of Brazil, de Fernando Henrique Cardoso (FHC) —presidente de Brasil durante dos periodos consecutivos, entre 1995 y 2003—, un libro que me atrevería a decir es lo mejor que he leído en el subgénero de “memorias políticas”.

Lo recomiendo por dos motivos. Por un lado, porque, a diferencia de muchos relatos biográficos, este se lee casi como una novela: uno avanza enganchado por una narración entretenida y bien hilada, que va y viene entre la vida de FHC —y la de sus antepasados— y los eventos trascendentales de la historia brasileña que la rodean. Y, por el otro, porque ayuda a entender mucho mejor la historia política del Brasil del siglo XX: un país que, pese a ser nuestro vecino, los colombianos no conocemos tanto. Al menos yo, leyendo el libro, me di cuenta de lo poco que sabía sobre el turbulento camino que recorrieron los brasileños hasta llegar a la democracia.

Recorrer la vida de FHC resultó ser una excelente manera de adentrarse en la historia más reciente de este país: su abuelo participó en los eventos de 1889 que desembocaron en la proclamación de la Primera República brasilera y el exilio de la familia imperial; su padre tuvo una destacada carrera militar y política en tiempos de Gétulio Vargas, participando en la Revolución de 1930 que lo llevó al poder; y FHC —pues sigue vivo, con 94 años— ha atravesado, en carne propia, el revoltoso devenir del país que terminó liderando.

Profesor de sociología que alcanzó notoriedad internacional por sus trabajos sobre la teoría de la dependencia y el desarrollo latinoamericano, tuvo que exiliarse durante la dictadura militar que marcó al país desde los años sesenta hasta los ochenta. Su vida fue dando, poco a poco, un giro inesperado: pasó de la oposición civil y no violenta al régimen a ser una figura clave en el Legislativo durante la transición democrática. Luego, como ministro de Hacienda, ayudó a poner fin a la hiperinflación e impulsó la creación del real brasileño que sobrevive hasta hoy, una labor en la que más de una docena de ministros se habían estrellado. Este último logro lo catapultaría a la presidencia, convirtiéndose en el primer mandatario elegido por voto directo en completar su periodo y entregar el poder de forma pacífica en la nueva etapa democrática del país.

Con cierta vergüenza debo confesar que, antes de que me recomendaran este libro, sabía poco de la vida de FHC. Y quizá por eso, tras acabar sus memorias, creo entender cuál pudo haber sido su mayor mérito: haber sido un presidente “aburrido”, en el mejor sentido de la palabra.

El primer presidente tras la dictadura, Tancredo Neves, murió súbitamente antes de asumir el cargo. El segundo, Fernando Collor, no alcanzó a terminar su periodo, arrastrado por burdos escándalos de corrupción. FHC, en cambio, encarnó un tipo de liderazgo moderado que rara vez se vuelve icónico en el imaginario latinoamericano —tan habituado a caudillos y megalómanos—, pero que resultó ser el más útil para un país que llevaba décadas de inestabilidad: FHC dio confianza, dentro y fuera de Brasil, para, al menos por unos años, estabilizar la macroeconomía, impulsar reformas que facilitaron la integración del país a la economía global y consolidar instituciones democráticas aún frágiles. Tanto así que, cuando lo sucedió Lula, el rival al que había vencido en dos ocasiones, mantuvo buena parte de ese rumbo. Los cimientos que dejó FHC, en buena medida, perduran hasta hoy.

Ojalá en 2026 Colombia pudiera volver a un presidente así: aburrido.

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