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Antioquia tiene razones para sentirse orgullosa de Hidroituango... Pero no puede hacernos ignorar una realidad incómoda: la seguridad en su entorno sigue siendo un desafío.
Por David Ruiz - opinion@elcolombiano.com.co
Hidroituango es el seguro energético de Colombia. Con una generación que ya cubre cerca del 10,8% de la demanda nacional y la meta de alcanzar el 17% cuando entren en operación sus ocho turbinas, la central se ha convertido en una pieza fundamental del sistema eléctrico del país.
Es el corazón que bombea energía para millones de hogares, industrias y servicios esenciales. Las utilidades que genera permitirán financiar proyectos estratégicos como el Túnel del Toyo, el acueducto de Urabá y el Ferrocarril de Antioquia, apuestas que integran territorios, fortalecen la competitividad y consolidan el liderazgo regional. Por eso, las denuncias conocidas esta semana resultan preocupantes: el enemigo no solo rodea la represa, sino que amenaza con caminar por sus pasillos.
Videos grabados por las Disidencias de FARC desde zonas internas de la central, acompañados del mensaje “ya estamos adentro”, no pueden interpretarse como una simple amenaza extorsiva contra EPM. Son una señal de alerta sobre la vulnerabilidad de una de las infraestructuras más estratégicas de Colombia, en medio de la compleja situación de orden público por la que atraviesa el país y el departamento.
La situación se vuelve aún más delicada cuando se conocen reportes de sobrevuelos de drones en la zona y la cancelación de la visita del gobernador de Antioquia y el alcalde de Medellín por razones de seguridad. No es una anécdota menor. Cuando las autoridades deben replantear su presencia en un activo estratégico por riesgos de orden público, el mensaje que se envía al país es inquietante: ya no es el Estado el que fija las reglas, sino el miedo impuesto por las estructuras criminales.
La gravedad de lo señalado por las autoridades regionales y por EPM es evidente. No se trata únicamente de la presión criminal que históricamente ha existido en esta zona del departamento, sino de la posibilidad de que actores ilegales estén intentando infiltrarse o acceder a instalaciones críticas. Si un grupo criminal logra grabar imágenes dentro de la casa de máquinas de una obra de esta magnitud, la pregunta inevitable es: ¿hasta dónde están dispuestos a llegar para demostrar su poder?
Antioquia tiene razones para sentirse orgullosa de Hidroituango. Es una obra de ingeniería monumental que, tras años de dificultades, hoy aporta estabilidad al sistema eléctrico nacional. Es un símbolo de resiliencia y capacidad técnica. Pero ese orgullo no puede hacernos ignorar una realidad incómoda: la seguridad en su entorno sigue siendo un desafío que el Gobierno Nacional no puede desatender ni subestimar.
Y mientras esto ocurre en los territorios, desde Bogotá se insiste en hablar de una “paz total” que, en la práctica, todavía no logra garantizar algo elemental: que el Estado vuelva a ejercer autoridad donde nunca debió perderla.
Porque cuando la seguridad de infraestructuras estratégicas empieza a ponerse en duda, lo que está en juego no es solo una represa, es la capacidad del Gobierno de garantizar la seguridad del país.