“Hoy soy rico. Ya almorcé y no tengo patrón”. Así escribió mi papá en el borde del periódico un día que, sin esperárselo, se quedó sin trabajo. Aún tengo el recorte entre una pila de papeles amarillentos que conservo, porque amo la frase y todos los mensajes implícitos que encuentro en ella.
Eran otros tiempos. Y si bien no era su caso, todavía existen, y seguramente existirán por siempre, los jefes que creen que el liderazgo se ejerce a punta de gritos, insultos y ultrajes. El maltrato laboral, o mobbing, se puede sufrir de muchas maneras: Desde actos de agresión física, insultos, comentarios humillantes, amenazas injustificadas de despido, burlas sobre la apariencia física, la raza y la religión, permisos negados, hasta asignación de funciones...