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De la Espriella Style

La izquierda se aferrará al supuesto carácter amenazante de la carga simbólica del nuevo gobierno.

hace 56 minutos
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  • De la Espriella Style

Por Juan David Ramírez Correa - columnasioque@gmail.com

Por pura coincidencia, esta columna se titula igual que la que publicó María Jimena Duzán en El País América. La diferencia está en el fondo: la suya viene cargada de sorna y pegada a la forma, buscando trivializar y frivolizar el estilo de Abelardo de la Espriella.

Lo que Duzán pasa por alto son los asuntos de fondo y el respiró tan grande que vivió el país el día de su posesión de ADLE. Con el juramento presidencial quedó la sensación de que es posible dejar atrás el desastre del gobierno anterior y abrir una etapa de reconstrucción institucional, económica y social. Una nueva regeneración, como dijo el presidente haciendo referencia a uno de sus antecesores, Rafael Núñez.

En su discurso, De la Espriella mostró el aire de cambio desde dos ángulos. El primero, el del líder que llegó a gobernar, con la carga simbólica que eso implica: investido de tigre que muerde y ruge, un tipo firme por la patria, que no se doblega y que, dentro del respeto a la Constitución, las instituciones y la separación de poderes, hará todo por Colombia porque “ya cesó la horrible noche”.

El segundo, el del jefe de un equipo ejecutivo que se dedicará a gestionar con pragmatismo y prioridades claras. La seguridad, el ajuste fiscal, la revisión del marco tributario para estimular la inversión, la seguridad energética, el salvamento de Ecopetrol y un abordaje técnico para superar la crisis de la salud son asuntos que no dan espera.

En otras palabras, el mandato está puesto sobre trabajar y no teorizar con romanticismos, porque las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia no traen soluciones. La obligación es rescatar a Colombia de la precarización y del retroceso en que la metieron. Hoy, por lo menos, hay claridad sobre lo necesario, que no es poca cosa.

Ese es el De la Espriella Style.

Lo de Petro no fue normal. El espectro patológico estuvo siempre presente y los comportamientos delirantes fueron el común denominador. Esas sí son razones de fondo para decir que nunca hubo una carta de navegación que llevara al país a buen puerto desde la lógica —quimérica, a mi juicio— del progresismo.

Así fue el Petro Style. ¡Cómo les cuesta a tantos entender que ese estilo fue un accidente en la historia republicana de Colombia! Que no lo dejaron, que se rodeó mal, que cuatro años no alcanzaban... en fin. Con esos argumentos tratan de esconder lo que quedó: corrupción, escándalos, actuaciones sórdidas y truculentas. Piense si tiene algo de normal loque gira alrededor de Verónica Alcocer, las hermanas Guerrero y Gabriela Muñoz, esos espíritus libres y revolucionarios, como los llamaba Petro, y que hoy Colombia los ve como espectros corruptos. Nada en ellas, ni en muchos otros de ese entorno, se ajusta al bien común.

La izquierda se aferrará al supuesto carácter amenazante de la carga simbólica del nuevo gobierno. Insistirá en el relato del “destripamiento”, fruto de las narrativas polarizadoras que ella misma ha alimentado y evitará hablar de los problemas que creó. Mucho menos reconocerá el deplorable estilo pretoniano y su faceta autoritaria, que dejan a Gustavo en la historia como alguien incapaz de respetar las reglas de la democracia: la misma que le permitió ser presidente y que, gracias a su fortaleza institucional, sobrevivió para demostrar que ese señor llamado Gustavo Petro no sirve para gobernar.

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