Cuando hablamos de intangibles, es fácil caer en la subjetividad y en ligerezas de juicio, ya que estos, por lo general, tienen relación directa con palabras como disrupción, innovación, nuevas miradas, cambio de paradigma, entre otros. Además, siempre que hay novedad habrá crítica por parte de quienes se les dificulta aceptar el cambio. Medellín, gracias a un proceso de transformación innegable, hoy es un grato descubrimiento para muchas personas alrededor el mundo que, o no sabían que existía o que la asociaban con la violencia que nos aquejó por varias décadas. Pero más allá de un simple hecho publicitario, como muchos lo quieren presentar, la realidad es que los avances de nuestra ciudad han sido reconocidos en los últimos años por instituciones independientes de gran peso como el City Bank, el Wall Street Journal, Urban Land Institute, ONU Habitat, WFE, además de un sinnúmero de periodistas y cronistas que han podido evidenciar en carne y hueso las nuevas realidades marcadas, no solo por los avances positivos, sino también por dificultades que todavía nos aquejan. Pero más allá de estos reconocimientos, que siempre caen bien, lo importante son los procesos reales de cambio que estos intangibles han comenzado a impulsar en nuestra sociedad y que en últimas es lo que se nos reconoce hoy en el mundo.
Un ejemplo claro de lo anterior, es lo que está pasando de manera positiva en términos de innovación. Esas instituciones internacionales valoran el metrocable, las escaleras eléctricas, por supuesto la reducción de homicidios y el intangible de la Cultura Metro como grandes innovaciones, pero en el contexto general valoran fuertemente cómo Medellín logró reinventarse, pasar de ser una ciudad inviable a una ciudad más próspera y con mayor futuro. De igual manera, expertos globales en ecosistemas de innovación como Greg Horowitt, resalta de manera permanente el avance de nuestra ciudad en términos del sistema de innovación, del número de fondos de capital de riesgo, de nuevas startups y spinoffs emergiendo y que están siendo apoyadas, de nuevas capacidades institucionales en propiedad intelectual, vigilancia tecnológica e inteligencia competitiva, transferencia tecnológica, gestión de la innovación, etc. Gran parte de lo que menciono, para muchos es un intangible, pero para quienes vivimos a diario las lógicas de nuestro ecosistema sabemos que los avances han sido muy importantes. Y para colocarlo en el terreno de lo concreto, bastaría con decir que Medellín hoy ocupa el quinto puesto en innovación en Latinoamérica según 2Thinknow, firma experta en innovación y que mide 450 ciudades y más de 200 variables. Estamos apenas detrás de Sao Paulo, Ciudad de México, Río de Janeiro, Buenos Aires, todas ciudades capitales con más de 8 millones de habitantes.
Para medir el desempeño de una ciudad no solo deben evaluarse las obras físicas y tangibles. El hormigón y el cemento transforman las ciudades, pero apoyar a los habitantes de una ciudad con la posibilidad de cumplir sus sueños no solo transforma las ciudades sino también las sociedades. A esto último le estamos apuntando con intangibles como puede ser en algunos casos la innovación. Por eso creo que el título la ciudad más innovadora del mundo debe ser un orgullo y no una crítica como algunos la quieren hacer sentir. Es insólito que nos den los premios y nosotros mismos seamos quienes los subestimamos. Después de todo, los grandes cambios nacen siempre de un concepto, apenas una idea en la que alguien creyó.