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Escribir es una habilidad humana que, si dejamos de usarla, perderemos muchísimas cosas, entre otras, la posibilidad de contarnos nosotros mismos, sin mediación.
Por Diego Aristizábal Múnera - desdeelcuarto@gmail.com
A diario, la inteligencia artificial (IA) nos reta como humanos. Nos hace las cosas fáciles y difíciles a la vez. Muchos se asustan, otros, simplemente la aceptamos en este mundo tan ancho y tan largo, donde cabemos todos, ojalá, para ser mejores, con la ayuda de todo tipo de herramientas. Pero no sabemos si lo seremos, al ser humano le encanta autosabotearse. Cada tanto aparecen los trabajos amenazados por la IA. Cada tanto aparecen reportes de cómo la IA se involucra en todo tipo de cotidianidades. ¿Con quién habla un solitario? ¿Qué recursos de amor usa quien no se ha enamorado nunca en la vida real? Y eso que apenas nos estamos familiarizando con este universo.
Hace poco, la conversación se concentró en el premio que la Fundación Commonwealth le concedió al autor de Trinidad y Tobago, Jamir Nazir, por su cuento “La serpiente en el bosquecillo”. El texto, además, fue publicado en la revista literaria Granta que, hay que decirlo, no intervino en el proceso de selección entre los ocho mil relatos que participaron en el premio. Días después de publicado el cuento, las redes sociales se llenaron de comentarios que aseguraban que la historia de Nazir había sido escrito con IA. El autor se defendió y lo negó, pero para los expertos es evidente que el relato es artificial y en internet pueden encontrar las evidencias, las fórmulas que la misma IA ha empezado a utilizar para escribir.
Más allá de quién tenga razón en este asunto, más allá de que un escritor declare en las bases de un concurso que no utilizó ChatGPT y lo use, me quedo pensando en los escritores que disfrutan el proceso, que en realidad necesitan escribir, no darle una instrucción a una máquina para que monte un relato con determinadas variables. Hay cosas que se hacen, no para que estén listas sino porque vale la pena hacerlas, para que uno mismo se ponga a prueba, se autodescubra, se reconozca en la capacidad infinita de creación. Si es mejor o peor el relato, qué importa. Escribir es una habilidad humana que si dejamos de usarla perderemos muchísimas cosas, entre otras, la posibilidad de contarnos nosotros mismos, sin mediación.
Nunca ha sido obligatorio escribir ficción. Si alguien debe recurrir a la IA para hacerlo, pues no es un escritor, no quiere serlo, y está bien, se puede dedicar a otras cosas.
COLETILLA: No he dicho nada sobre estas elecciones, y no diré nada, una vez más la gente parece abrumada con todo lo que se dice a diario desde hace muchos meses. Solo recomendaré la lectura de un libro. Dense ese regalo antes de salir a votar este domingo, asumamos de una vez por todas nuestro papel como individuos y ciudadanos pensantes que sueñan de verdad con grandes cambios políticos y sociales. Ese libro es “Ensayo sobre la lucidez”, del gran José Saramago. ¡Qué grande es Saramago! ¡Qué preguntas se hacía y se respondía en sus novelas, sin necesidad de la IA!