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Las medidas del engaño

Pienso que una de las virtudes de esta novela (Las medidas del engaño) es hablar de asuntos que no todos los colombianos hemos vivido de cerca, pero que no por eso debemos ignorar.

19 de julio de 2024
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  • Las medidas del engaño

Por DIEGO ARISTIZÁBAL - desdeelcuarto@gmail.com

¿Quién de nosotros ha presenciado una masacre? ¿Quién ha visto un cuerpo sin cabeza, o sin manos, o sin pies, el tronco solo y las demás partes regadas por ahí como si hicieran parte de una carnicería? ¿Quién ha tenido que sacar conclusiones de sí primero fue la señora porque la sangre ya está seca, y la del señor todavía no, todo para que el niño y el señor sufrieran más? ¿Quién de nosotros ha sufrido esto?

Yo, por fortuna, nunca he visto una masacre, pero puedo imaginar el dolor y el miedo de quienes sí han tenido que ver algo tan horrible; sin embargo, como he dicho en esta columna, mi familia paterna es de Granada, Antioquia, y varios de mis parientes vivieron de cerca la crueldad humana, la vieron pasar, incluso, por un trayecto que mis tíos llaman El Camino de las Almas, donde el 20 de abril de 2001 un grupo paramilitar asesinó a nueve personas en las veredas El Vergel, El Tablazo y La Aurora.

Los nombres de las víctimas están en placas de mármol, y digamos que el camino se puede hacer en silencio para honrar la memoria de estas víctimas del conflicto, y digamos también que no me quiero quedar ahí para seguir juzgando la desidia del Estado y la barbaridad y crueldad humana de los grupos armados, solo que ese primer párrafo lo escribí partiendo de la lectura que hice esta semana de la primera novela que escribió Yefferson Ospina, “Las medidas del engaño”, donde un grupo de adolescentes del municipio A, tienen sueños y fantasías de adolescentes, pero un día, después de haber estado en la cascada, la realidad les explota en la cara y lo que ven, aquellos muertos descritos arriba, los marcarán para siempre.

Pienso que una de las virtudes de esta novela es hablar de asuntos que no todos los colombianos hemos vivido de cerca, pero que no por eso debemos ignorar. En “Las medidas del engaño” son protagonistas, en un juego de la memoria de un periodista también desengañado de su oficio, los soldados que tuvieron que hacer parte de los mal llamados ‘falsos positivos’, los que se fueron como mercenarios a otras guerras, a los ejércitos de otros países, los que murieron en los batallones por un accidente, “que él con otro compañero estaban limpiando los fusiles y se les dispararon”, los que murieron en un combate con las Farc, los que murieron diciendo: ‘cabo, mis piernas’, me arden las piernas’, luego solo murió, diciendo que quería abrazar a su madre.

“Nos dijeron que fue una guerra por la libertad, que fue una guerra por eso, que llaman democracia, nos llamaron héroes, los llamaron ‘Hombres de honor’, cantaron canciones emotivas, mis amigos caminaban al infierno... Y en eso nos engañaron”. Esta es una novela sobre el fracaso de la patria que han querido honrar, por muchos medios, los adoradores del conflicto.

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