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Tiempos de álgida y monótona política

Deberíamos guardar silencio para justificarnos como ciudadanos que piensan y no como seres pasivos que recibimos información sin procesarla.

hace 1 hora
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  • Tiempos de álgida y monótona política

Por Diego Aristizábal - desdeelcuarto@gmail.com

En el libro “Un encuentro”, Milan Kundera escribe acerca de la amistad, el poder, los odios y, por supuesto, sus amores literarios. Recuerda el escritor checo, en uno de los ensayos, que un día, a principio de los años 70, cuando los rusos ocuparon Checoslovaquia, se encontró con un amigo periodista quien después de decir varias cosas en una atmósfera de mutua simpatía, comenzó a hablar con cierto resentimiento de Bohumil Hrabal (1914-1997), en aquel momento era el escritor checo más importante, bastante leído y no menos querido. Hrabal, cuya maestría para contar historias ha sido comparada con la fascinación de Kafka, era profundamente apolítico; lo cual, dice Kundera, no era inocente en un régimen para el que “todo es política”: su apoliticismo se burlaba de un mundo en el que arreciaban las ideologías.

Bastante furioso el periodista acusaba a Hrabal de publicar sus libros sin una palabra de protesta agregando que su comportamiento era detestable y que por eso era un colaboracionista. A lo que Milan Kundera respondió con la misma furia: “¡Qué absurdo hablar de colaboracionismo si el espíritu de los libros de Hrabal, su humor, su imaginación están en el polo opuesto de la mentalidad que nos gobierna y que quiere asfixiarnos con camisas de fuerza! El mundo en el que se puede leer a Hrabal es totalmente distinto a aquel donde no se pudiera oír su voz. ¡Un único libro de Hrabal rinde un servicio mucho mayor a la gente, a su libertad de espíritu, que todos nosotros juntos con nuestros gestos y nuestras proclamas contestatarias!”

Cuando uno lee, por ejemplo, “Una soledad demasiado ruidosa”, la historia de Hanta, un hombre que durante 35 años ha prensado papel, libros y reproducciones de cuadros, y quien si tuviera que volver a elegir un trabajo, haría exactamente lo mismo, se empieza a inferir que no menos importante que tratar de entender al otro es tratar de entenderse uno mismo; pero para tratar de comprenderse uno mismo es necesario saber estar solo, tener tiempo suficiente para meditar y soñar, ya sea, como lo hacía el viejo Hanta, quien en la noche esperaba que los libros le explicaran algo sobre él mismo, o como a cada quien se le ocurra, pero solo como una libre elección. “Estoy solo para poder vivir en una soledad poblada de pensamientos”, decía el reciclador de libros.

En estos tiempos de álgida y monótona política, cuando los medios y las discusiones nos hacen creer que en esta vida no hay nada más importante que las campañas y sus políticos, hasta el punto de que ya no somos individuos sino coalicionistas o manada, deberíamos guardar silencio para justificarnos realmente como ciudadanos que piensan y no como seres pasivos que recibimos información sin procesarla porque nos puede el miedo; solo así, cuando hablemos, podremos decir otras cosas que nos harán cargar con el peso de nuestra historia, no esta chiquita que se avecina, sino una consciente que nos saque de esa ruina de elegir por elegir. El curso de nuestra historia depende de nosotros mismos, no de los salvadores de turno, entendamos esto de una vez por todas. El domingo votemos y saquémosle el rato a una buena novela, ya no más novelones políticos.

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