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Por Alejandro Gutiérrez - opinion@elcolombiano.com.co

¿Qué pasa con su negocio cuando usted se detiene?

hace 9 horas
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  • ¿Qué pasa con su negocio cuando usted se detiene?

Por Alejandro Gutiérrez - opinion@elcolombiano.com.co

Quizá todos en Medellín conocemos al emprendedor agotado. Al que madruga mucho, que contesta mensajes a medianoche y presume, con un orgullo mal disimulado, que no toma vacaciones hace tres años. Lo llamamos berraco. La escena se repite en los cafés y coworkings donde se cierran negocios, agendas llenas, pantallas encendidas y el cansancio convertido en símbolo de estatus. Yo he sido ese emprendedor. Y pocas veces me llegó la pregunta incómoda: si usted se detiene un mes, ¿su negocio sigue creciendo?

La respuesta separa dos tipos de negocio. Al primero lo llamo chorro: ingresos grandes, esporádicos, dignos de celebrar, pero que dependen del esfuerzo diario de su fundador. Si él se detiene, el chorro se corta. Al segundo lo llamo goteo: entradas pequeñas y constantes que van llenando un vaso. Menos espectacular, sí. Pero el objetivo nunca fue vivir del esfuerzo de cada día, sino de lo que el vaso, ya lleno, comienza a desbordar.

Por eso creo que la madurez de una empresa no se mide solo por el capital que levanta ni por las horas que trabaja el dueño. Se mide por el momento en que el fundador deja de perseguir chorros y empieza a construir un sistema que funcione sin él.

Ese tránsito exige un aprendizaje incómodo, y lo digo por experiencia propia. Yo también fui el hombre orquesta que vendía, cobraba, contrataba y apagaba incendios, convencido de que eso era ser dueño. Tardé en entender que el error no era trabajar duro, sino trabajar en el lugar equivocado. Se domina la venta no para vender toda la vida, sino para diseñar un área comercial que no dependa del carisma del dueño. Se domina la caja no para firmar cada pago, sino para instalar una disciplina que funcione sin supervisión. Michael Gerber lo escribió hace casi cuarenta años y sigue vigente: el error fatal del emprendedor es trabajar dentro de su negocio en lugar de trabajar sobre él. La primera persona que un fundador debe entrenar para reemplazar es a sí mismo.

Seamos honestos, nada grande se construye con equilibrio. Todo comienzo exige temporadas de desbalance. El problema es convertir el desbalance en identidad. Esa es la trampa de la cultura de estar ocupado, sentir culpa cuando no se hace nada y confundir movimiento con avance. Hay rutinas que parecen productivas y solo son círculos. A Medellín no le falta empuje ni talento. Lo que el ecosistema necesita son más goteos, empresas que logren durar más que sus fundadores. Y durar es más difícil de lo que parece, la vida promedio de una compañía del S&P 500 cayó de 61 años en 1958 a menos de 18 hoy. Si la permanencia es la excepción incluso entre las más poderosas, el reto para las nuestras es construir negocios que puedan delegarse, venderse o multiplicarse porque no dependen de nadie insustituible.

Al final, la libertad que buscamos los que hemos emprendido no es solo acumular dinero, es TIEMPO. ¿De qué sirve llenar el vaso si no queda vida para beberlo? La pregunta no es cuánto factura su negocio hoy. Es si, ¿el día que usted se detenga, lo que construyó por cuanto tiempo seguirá goteando?

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Por Alejandro Gutiérrez - opinion@elcolombiano.com.co

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